4 MESES, 3 SEMANAS, 2 DÍAS


4 Luni, 3 Saptamini si 2 Zile

Rumanía, Bélgica, 2007. 113 min. C

Dirección: CHRISTIAN MUNGIU. Guión: Christian Mungiu. Música: No tiene. Fotografía: Oleg Mutu. Intérpretes: Anamaria Marinca, Vlad Ivanov, Laura Vasiliu, Alexandru Potocean.


“Buscamos un estilo simple, una manera directa de filmar, un cierto tipo de realismo. La vida es nuestra inspiración, no otras películas o libros. Hay un compromiso para no buscar que el espectador se sienta mejor, no explicamos las cosas para hacerlas más fáciles, no damos la información ‘básica’ al principio del filme. Hay muchas elipsis. Queremos generar un diálogo con el público, no manipularlo”

(Christian Mungiu)


En el fondo, 4 Meses, 3 Semanas, 2 Días es una radiografía soterrada de una época, de la opresión y del miedo, de una sociedad anestesiada y con la censura vigilante. Muestra una Rumanía decrépita e inhumana, vacía, oscura y sin salida en los últimos estertores de la dictadura de Ceacescu. Su turbia atmósfera sabe de la misma sumisa impotencia que el cine mostró en títulos como Saló o los 120 días de Sodoma. La película de Christian Mungiu, director y guionista, es la crónica íntima de perra vida de Otilia (Anamaria Marinca) y Găbiţa (Laura Vasiliu), dos amigas universitarias que, en la Bucarest de 1987, se ven inmersas a lo largo de una jornada inolvidable en el amargo trance de conseguir que la segunda aborte un hijo no deseado con la ayuda vejatoria de un abortista clandestino de nombre Sr. Bebe (Vlad Ivanov). Otilia, que se encarga de reservar una habitación en un hotel barato con ese fin, acompañará a su amiga durante el proceso, aún más duro y desolador de lo que en un principio habían imaginado.


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La prohibición del aborto en Rumanía desde 1966 llevó a la muerte a más de medio millón de mujeres en veinte años. El segundo largometraje de Mungiu, cuyo título da la edad exacta del feto en el momento de su muerte, no es una película abortista ni antiabortista, sino una que expone la cruda realidad y denuncia, sin cortapisas morales, la inhumanidad de su clandestinidad y la indefensión en la que quedan las mujeres que deciden abortar de esa forma, siendo labor de cada espectador sacar sus propias conclusiones. Premiada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, 4 Meses, 3 Semanas, 2 Días es la primera entrega de una serie llamada Relatos de la Edad de Oro, proyecto englobado en la Nueva Ola rumana, cuyas películas enseñan la cara sucia de Rumanía unidas por un estilo austero y realista que sigue la senda de la deprimente La Muerte del Señor Lazarescu (Cristi Puiu, 2005).

Película adulta que se enmarca descarnada y seca, polémica y lúcida, aunque sin gratuidad ni concesión a la obscenidad o al morbo. Su narrador no tiene sentimientos, es insensible e implacable, como el mundo en que vivimos. Mungiu, decantándose por la elipsis, se centra en el sufrimiento de las protagonistas y las repercusiones de los actos que no muestra, a excepción de una sola escena: cuando el director, dejando de lado su imparcialidad y buscando impactar al espectador, toma partido por el más débil e inocente y baja la cámara para mostrarnos aquello que el espectador no quiere ver. 


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4 Meses, 3 Semanas, 2 Días es cine del nuevo milenio con maneras de Michael Haneke, fría como el acero y de tono casi documental, cuya sola caligrafía es capaz de transmitir incomodidad y desasosiego. Es la realidad objetiva del teórico André Bazin registrada en toda su crudeza mediante unos largos planos secuencia robados a la intimidad y vergüenza de la condición del ser humano. Planos que respiran por sí mismos, que emanan Verdad, que resquebrajan el ánimo y perturban la mente. La película posee un guión escueto y directo, está narrada prácticamente en tiempo real, emplea parcialmente la cámara en mano y está provista de una mise-en-scène abstemia y claustrofóbica. Por su parte, las dos actrices protagonistas (Anamaria Marinca y Laura Vasiliu) están extraordinarias y hacen gala de una naturalidad escalofriante a la hora de interpretar sus papeles.

“Mungiu ha escrito y puesto en escena el antimelodrama por excelencia: un drama sin música, que evita los recursos emotivos y se ciñe a los descriptivos” (Francisco Marinero). Lo de Christian Mungiu es cirugía cinematográfica. Al final lo que queda es puro terror cotidiano, el más insoportable y monstruoso de todos.


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 “En esta época sólo importa sobrevivir”

(Christian Mungiu)