CENIZAS Y DIAMANTES


Popiól I Diament

Polonia, 1958. 98 min. B/N

Director: ANDRZEJ WAJDA. Guión: Andrzej Wajda, Jerzy Andrzejewski. Música: Filip Nowak. Fotografía: Jerzy Wojcik. Intérpretes: Zbigniew Cybulski, Ewa Krzyzanowska, Adam Pawlikowski, Bogumil Kobiela.


“Al arder no sabes si serás libre,
si sólo quedarán cenizas y confusión.
O se hallará en las profundidades
un diamante que brille entre la ceniza”

(Cenizas y Diamantes. Cyprian Kamil Norwid)


Entre el Neorrealismo italiano y la Nouvelle Vague francesa, el cine polaco era el art cinema de Europa. Esta cinematografía –inmerecidamente poco conocida– vivió su auténtica edad de oro entre finales de los cincuenta y mediados de los sesenta. A pesar de la censura imperante, directores como Aleksandr Ford, Andrzej Wajda, Andrzej Munk, Jerzy Kawalerowicz y Roman Polanski, entre otros, tuvieron gran influencia en el desarrollo del cine posterior y sus películas, algunas logros universales, llegaron a constituir un modelo para una generación emergente de artistas e intelectuales de Europa del Este.



Figura mayor del cine mundial, Andrzej Wajda (1926-2016) es uno de los insignes integrantes de la Escuela Polaca de Cine, anterior al Cine de la Inquietud Moral (Agnieszka Holland, Krzysztof Kieślowski), el otro gran movimiento fílmico de Polonia tras la posguerra. También estudiante de Bellas Artes y pintor, Wajda dibuja en sus películas la historia reciente de Polonia y los efectos de la II Guerra Mundial, siempre con sensibilidad trágica y carácter político: “Las dificultades de las relaciones humanas y la necesidad de comprensión entre todos los hombres son los más bellos temas a tratar por un cineasta”. 

Cenizas y Diamantes toma su título de un poema de Cyprian Kamil Norwid, que hace referencia a la manera en la que, por medio de calor y presión, se forman diamantes a partir de carbón. Realizada por Wajda con apenas 32 años y basada en la controvertida novela de 1948 de Jerzy Andrzejewski, esta cinta es la punta de lanza del cine polaco. Estrenada en 1958 y sobre las consecuencias bélicas, cierra la Trilogía de la Guerra de su autor, completada por Generación (1955) –resistencia activa– y Kanal (1957) –sublevación–.



8 de mayo de 1945, el último día de la II Guerra Mundial. En una Polonia caótica y con recelo hacia la influencia soviética, los ultranacionalistas y miembros de la Resistencia Maciek (Zbigniew Cybulski) y Andrzej (Adam Pawliskowski) tienen la misión de asesinar al dirigente comunista Szczuka. Para ello deben pasar toda una noche en el Hotel Metropol, donde se celebra una cena para conmemorar la victoria aliada frente a los nazis. Sin embargo, Maciek se enamora fortuita y apasionadamente de una camarera, la atractiva Krystyna (Ewa Krzyzanowska), lo que le hará replantearse sus ideales y convicciones ante la esperanza de una vida diferente, más cercana a la felicidad.

El muerto prematuramente Zbigniew Cybulski, el James Dean del Este, encarna genialmente a Maciek, que lleva gafas oscuras “como recuerdo de mi amargo amor por la patria”. El joven representa y confronta dos Polonias: la idealista que pertenece ya al pasado y la nueva que nace bajo el signo de la indefinición (vida o muerte, lucha política o amor). Víctima de las circunstancias y prototipo de antihéroe trágico al estilo de Michel Poiccard en Al Final de la Escapada, a Maciek se le relaciona con la juventud loca, la fatiga existencial, la ironía del destino y la redención a través del amor.



Obra bisagra entre la tradición clásica y los aires vanguardistas de los Nuevos Cines, Wajda construye el clima opresivo a través sigue la regla de la triple unidad (también aplicada por Munk y Polanski): temporal –24 horas–, espacial –un hotel– y dramática –la misión del asesinato–. El estilo visual y la puesta en escena, con reminiscencias expresionistas y abigarrada de símbolos (caballos blancos, cruces invertidas), acusa referencias del cine de Orson Welles y del cine negro americano, jugando constantemente con las luces y las sombras, los encuadres y la profundidad de campo. No obstante, de inexorable seña polaca, y gracias a la libre creatividad pre-Nouvelle Vague de Wajda, la película goza de una inquebrantable personalidad propia.

Cenizas y Diamantes, de espíritu romántico y aliento lírico desesperanzado, se configura como un thriller dramático de contexto histórico, pero su valor es que trasciende hasta llegar a convertirse en una de las más lúcidas y amargas reflexiones sobre los dilemas morales del hombre. Muy audaz formalmente, ésta es una de las maravillas escondidas del cine europeo, sólo al alcance de un maestro como Andrzej Wajda.