DOS MENOS UNO, TRES


La Morte ha Fatto l’Uovo

Italia, Francia, 1968. 86 min. C

Dirección: GIULIO QUESTI. Guión: Franco Arcalli, Giulio Questi. Música: Bruno Maderna. Fotografía: Dario Di Palma. Intérpretes: Gina Lollobrigida, Jean-Louis Trintignant, Ewa Aulin, Jean Sobieski, Renato Romano, Vittorio André, Giulio Donnini, Biagio Pelligra, Cleofe Del Cile.


“Eran los años del boom económico. La industrialización era una marea creciente que arrasó todo, un himno al futuro, un frenético embalaje de productos, sin distinción entre lo animado y lo inanimado. Los productos todavía vivos gritaban de terror y dolor. Las grandes bandadas de pollos eran un símbolo. Cada pollo era un hombre, cada gallina una mujer, cada cerdito un niño. Sobre ellos se construía la riqueza. Y sobre todo triunfaba EL HUEVO, blanco, suave, perfecto, con la vida encerrada dentro. La perversión sexual seguía siendo la única salida posible”

(Giulio Questi)


Aun considerando Dos Menos Uno, Tres (1968) un ejemplo primerizo del giallo, una especie de precedente, todavía sin la referencia formal de El Pájaro de las Plumas de Cristal –dirigida un año después por Dario Argento–, esta película resulta una pieza absolutamente inclasificable que está a medio camino entre los filmes de contestazione italianos y los gialli psico-sexy sofisticados y de ambientación diurna del destajista Umberto Lenzi, realizador de un buen puñado de ellos (Así de Dulce, Así de Maravillosa, Orgasmo, Paranoia, Un Lugar ideal para Matar).

Con aire vanguardista e ínfulas del pop art, en la línea de Blow-Up (Michelangelo Antonioni, 1966) y Con el Corazón en la Garganta (Tinto Brass, 1967), Dos Menos Uno, Tres está dirigida con vocación de autor por el genuino e inconformista Giulio Questi (Bérgamo, 1924-Roma, 2014), el cual sólo firmó tres largometrajes. Questi, que había actuado en La Doce Vita (1960) de Fellini, debutó como director en 1967 con Oro Maldito, un spaguetti western insólito, hiperviolento y delirante. Su tercera y última película fue la censurada Arcana (1972), una extraña mezcla de cine social post-neorrealista y filme etnográfico. Ya en el nuevo milenio, tras haberse retirado del cine y trabajado exclusivamente para la televisión, el italiano realizaría varios cortometrajes de corte experimental. En realidad, las películas de Giulio Questi son sólo una excusa para dar rienda suelta a su osada imaginería y ecléctico y por momentos incoherente estilo narrativo. Son meros receptáculos al servicio de su personalísimo quehacer, más cercano a la experimentación y al surrealismo bizarro que al cine comercial.


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Dos Menos Uno, Tres, cuyo título original es La Morte ha Fatto l’Uovo (traducido literalmente sería “La muerte ha puesto un huevo”), se articula como un thriller psicológico raro, bañado de erotismo turbio y lleno de intrigas, maquinaciones, mentiras y tensiones. La trama se inserta en una granja de avanzada tecnología en la que intentan crear de forma masiva una nueva raza de pollos mutantes y perfectos, sin cabezas ni plumas, que crecen sin necesidad de alimentarlos y pueden proporcionar mucho dinero. Esta leve pincelada de ciencia ficción sobre la bioética y la manipulación genética es sólo un pretexto para retratar con poso psicoanalítico los deseos y perversiones del hombre moderno en una sociedad alienada e impersonal. Questi plantea un mensaje de cierta mordacidad a razón de la corrupción del sistema, el consumismo insano, la codicia y el beneficio personal.

El misterio que supura Dos Menos Uno, Tres gira alrededor de un inquietante y diabólico ménage à trois amoroso dentro del contexto de la clase burguesa dominante. Marco (el idóneo Jean-Louis Trintignant) es un paranoico y mísero hombre de negocios e intelectual frustrado aficionado a los juegos sexuales con prostitutas, sólo un títere en manos de su decadente, todopoderosa y posesiva esposa, la empresaria avícola Anna (la bella Gina Lollobrigida). El último vértice del triángulo es la lolitesca Gabrielle (la sueca rubia de grandes ojos azules Ewa Aulin, que sólo tenía dieciocho años en el momento del rodaje), hija adoptiva y asistente personal de la mujer y, al mismo tiempo, lujuriosa amante del fetichista Marco.


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Questi plantea una película de estética rara donde las imágenes casi lisérgicas, la fotografía multicolor, la falta de diálogo fluido y el montaje sincopado y roto, “como un Godard al que se le ha encargado un thriller después de suministrarle LSD” (Craig Ledbetter), se conjugan con la caricatura grotesca de Luis Buñuel y la perversión chic. El director apuesta, además, por una ambientación futurista vintage y una arquitectura industrial de líneas frías y minimalistas. Sumémosle una sesentera banda sonora desconcertante y cacofónica, incluso molesta, que incluye samba y música electrónica, para conceder una perturbadora sensación de extrañeza a la bizarra hasta en el título La Morte ha Fatto l’Uovo.

El resultado da lugar a uno de los gialli más visuales, arriesgados y revolucionarios del cine italiano, uno de variante psicológica dentro de cierto contexto político como telón de fondo. Un filme que puede resultar inclasificable, pero apto para cualquier curioso de rarezas del cine psicotrónico italiano o del proto-giallo de finales de la década de los sesenta, como en este caso también lo son La Mujer del Lago (Luigi Bazzoni, 1965), la antes mencionada Con el Corazón en la Garganta (Tinto Brass, 1967), Crimen en la Residencia (Antonio Margheriti, 1968), El Dulce Cuerpo de Deborah (Romolo Guerrieri, 1968) y algunas de las cintas de Umberto Lenzi.


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“No es necesario ser un cineasta para tener un ojo atento que muestra y revela. La ficción breve nada tiene que ver, aunque eso sí, lo confieso, mis ojos son de alta definición, con muchos píxeles que exaltan los detalles”

(Giulio Questi)