EL CUARTO HOMBRE


De Vierde Man

Holanda, 1983. 102 min. C

Dirección: PAUL VERHOEVEN. Guión: Gerard Soeteman (Novela: Gerard Reve). Música: Loek Dikker. Fotografía: Jan De Bont. Intérpretes: Jeroen Krabbé, Renée Soutendijk, Thom Hoffman, Hans Veerman, Dolf De Vries, Geert De Jong.


“En las películas de Paul la mayoría de las mujeres buscan sin descanso, a partir de lo que tienen, aquello que quieren. Puede tratarse de una historia de Gerard Reve, pero el resultado es típicamente de Paul Verhoeven: la dulce muñequita que en realidad es una auténtica puta”

(Renée Soutendijk)


Realizada en 1983, El Cuarto Hombre es la película de madurez autoral y la mejor y más compleja, también la última de su nunca suficientemente valorada etapa europea antes de emprender el filón hollywoodense, del transgresor Paul Verhoeven (Ámsterdam, 1938). Director de culto y provocativo, de mirada tan turbia y malsana como ingeniosa y cínica, muchas de sus cintas (Delicias Turcas, Eric, Oficial de la Reina, Los Señores del Acero, Robocop, Desafío Total, Instinto BásicoEl Libro Negro) terminan convirtiéndose en vigorosas vueltas de tuerca al cine de género en el que se adscriben (drama erótico, bélico, aventuras, thriller psicológico, ciencia ficción). En realidad, la filmografía de Verhoeven es una pulla contra el comercio capitalista, el fanatismo exaltado y la hipocresía y aburguesamiento social, los cuales se mitigan a través de una orgía de sangre y carne y de un lema que parece decir: “La muerte nos hace a todos iguales”.


cuarto h


De Vierde Man está basada en la novela homónima y semiautobiográfica del controvertido y abiertamente homosexual Gerard Reve (1923-2006), uno de los grandes escritores neerlandeses de posguerra. Ya en los créditos iniciales de la película se ve una araña capturando a una mosca sobre la superficie corroída de un cristo crucificado. Ahí está, de forma simbólica, el trípode de la historia: la víctima, el verdugo y el ángel de la guarda. La acción tiene lugar en Ámsterdam y Vlissingen (Holanda) durante unos pocos días. El Cuarto Hombre presenta al atormentado Gerard Reve (Jeroen Krabbé), un escritor alcohólico, homosexual/bisexual y fervientemente católico que es seducido por la dueña de un salón de belleza, Christine Halsslag (Renée Soutendijk), una rubia sofisticada, manipuladora y ambiciosa que posee una desnudez andrógina que activa su fantasía gay. También relacionado con el amante de Christine, un atractivo chico alemán llamado Hermann (el cebo), Reve irá descubriendo, inmerso en una espiral de locura y misterio, que Christine podría ser, en verdad, una Viuda Negra en celo que parece haber devorado a sus tres anteriores maridos. Él corre el riesgo de convertirse en el cuarto hombre.

El personaje de Christine, consciente de su poder de atracción sobre los hombres y con una aureola de perfidia que roza lo abiertamente sobrenatural, es el nuevo prototipo femenino ideado por Paul Verhoeven. Aquí interpretado por la fascinante holandesa Reneé Soutendijk, actriz fetiche del director y todo un sex-symbol en su país durante los ochenta, le serviría como molde años más tarde a Verhoeven para crear la escritora a la que dio vida Sharon Stone en Instinto Básico (1992), una especie de versión comercial y más simple de El Cuarto Hombre, a la postre una de las películas más inquietantes del cine europeo de su década.


EL CUATR


Mezcla de thriller de intrigas turbulentas y de suspense ampliado con tensiones eróticas, como en un excéntrico cruce de Hitchcock, Bergman, Buñuel, Cronenberg y la androginia New Wave, al estilo de El Bosco o Rembrandt y con un poso psicológico propio de Freud, Verhoeven realiza una película alucinada y patológicamente depresiva, atravesada por un exacerbado romanticismo decadente y bañada por un continuo toque de ansiedad. Repleta de esotéricos simbolismos sexuales y católicos, enrarecido contenido cárnico, visiones marianas y premoniciones de muerte, lo que “el holandés errante” propone con El Cuarto Hombre es una suerte de fábula negra contemporánea que repta entre la realidad y el mundo de los sueños, tratando temas tan complejos como la comunión entre sexo, violencia y religión, los instintos de Eros y Thanatos o el proceso creativo mediante la autodestrucción física y moral: “Los artistas hacen cosas bonitas, pero si se obsesionan, pueden acabar siendo muy peligrosos”, dice un personaje.

Verhoeven es capaz de combinar en un mismo plano la fantasía onírica y el detalle visceral sin que el conjunto pierda coherencia. Apoyado por una puesta en escena asfixiante, una atmósfera mórbida y una amenazadora partitura obra de Loek Dikker, el resultado es una pesadilla fílmica de gran fuerza visual, un puzzle cuyas diseminadas piezas al final encajan diabólicamente. El Cuarto Hombre es puro Verhoeven, aquél en el que se exhala lascivia y muerte por todos y cada uno de los fotogramas. Porque en su cine el hombre es un ser arrastrado por pulsiones sexuales y violentas. No hace el amor, folla. No mata, se ensaña.


EL CUATRO


“Quería regresar a la basura y a la inmundicia, mirar a ras del suelo para capturar la vida tal y como se presenta realmente ante nosotros. Mi actitud era dejarme llevar por un único objetivo: ¡romperlo todo a mi alrededor!” 

(Paul Verhoeven)