GRITOS Y SUSURROS


Viskningar och Rop

Suecia, 1972. 91 min.

Director: INGMAR BERGMANGuión: Ingmar Bergman. Música: J.S. Bach, Fréderic Chopin. Fotografía: Sven Nykvist. Intérpretes: Harriet Andersson, Kari Sylwan, Ingrid Thulin, Liv Ullmann, Anders Ek, Inga Gill, Erland Josephson, Henning Moritzen, Georg Årlin.


“Todas mis películas se pueden pensar en blanco y negro, excepto ‘Gritos y Susurros’. La primera imagen siempre volvía: la habitación roja y las mujeres vestidas de blanco. Cuatro mujeres vestidas de blanco en una habitación roja. Se movían y se hablaban al oído, y eran extremadamente misteriosas…
El color rojo es el color del alma humana”

(Ingmar Bergman)


La obra de Bergman, tendente a explorar la naturaleza de la condición humana, por su atrayente postura artística y filosófica, ha supuesto una de las más sabias aportaciones a la historia del cine. Gritos y Susurros, película nº 33 del sueco, se enmarca dentro del período llamado de “expresión crítica” (1964-1980), que dejando de banda las inquietudes puramente metafísicas y de contenido religioso se centra más en la incomunicación y los conflictos morales de la burguesía, a menudo representados en el ámbito del matrimonio.


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A partir de la vivencia de la muerte de su madre, el maestro en desnudar el alma humana construye una de sus películas más exquisitas, a la vez que impactantes y duras. Gritos y Susurros, atravesada por un dolor agónico que produce escalofríos, apunta una de las principales obsesiones de Bergman: la muerte (vista actuar desde nuestra óptica externa en El Séptimo Sello, aquí más cercana). A la vez, aborda temas como las relaciones familiares, la disfunción matrimonial, la soledad íntima, la angustia existencial y la ausencia de Dios.

Gritos y Susurros es el trabajo de un cineasta amante del teatro que se sabe en la cumbre de su arte, como cuando Kurosawa hizo Ran o Tarkovsky Sacrificio. Se trata de un filme de cámara con reminiscencias a la “lucha de cerebros” del dramaturgo August Strindberg que Bergman convierte en una obra maestra otoñal, a lo que contribuye la soberbia marcación actoral, la estilizada y meticulosa puesta en escena y la impecable fotografía de Sven Nykvist (ganadora de un Oscar).


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Viskningar och Rop es un drama hermético que desarrolla una historia de mujeres. La acción tiene lugar en una mansión de la alta burguesía suiza a finales del siglo XIX. Son los dos últimos días de vida de Agnes (Harriet Andersson), a quien el dolor del cáncer la consume. Sus hermanas Karin (Ingrid Thulin) y María (Liv Ullmann) han venido a cuidarla. La asiste su criada Ann (Kari Sylwan).

La crónica se divide en cuatro bloques, que corresponden a cada una de las mujeres: tres a modo de flashbacks y uno, el dedicado a Agnes, en forma de pesadilla. Agnes (agnus: Cordero de Dios), de carácter taciturno y la más sensible de todas, simboliza a Cristo, sometida al peso de un dolor extremo y a punto de morir. La criada Ann, tímida y devota, cumple el rol de María, acompañando a Agnes en su sufrimiento (reveladora es la imagen de pietà con Ann acunando en su regazo a la moribunda Agnes). Karin y María son el contrapunto, incapaces de consolar a su hermana enferma. Karin, la mayor, es una mujer intelectual, severa e infeliz en su matrimonio. María es la menor, frívola y puro egoísmo, casada con un hombre rico y amante del placer sin moralidad.


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De sentido pictórico y expresionista, la película puede ser descifrada en clave de colorimetría. El rojo intenso, que inunda paredes, suelos y mobiliario, simboliza, según Bergman, el interior del alma; también del útero y la obscenidad. El blanco, del que visten las hermanas, se vincula a la virginidad y la represión sexual. Y el negro se asocia al luto y los sacerdotes. Éste es uno de los filmes donde el color adquiere un papel más relevante, casi definitivo. La música, por su parte, incluye unos breves fragmentos de piano de Chopin y de cello de J.S. Bach, que conectan con las emociones del relato.

Película de miradas, distancias, gestos y silencios, el director emplea el primer plano de los rostros, destinado a escrutar el interior del personaje a través de la expresividad. Las cuatro actrices protagonistas (Harriet Andersson, Kari Sylwan, Ingrid Thulin y Liv Ullmann) hacen una interpretación mayúscula. Obra esencial de Bergman, desasosegante y atormentada, pero rebosante de sensibilidad artística.


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“Todas mis penas y dolores se habían desvanecido, los seres a quienes más quiero en este mundo, estaban allí, conmigo; percibía la presencia cercana de sus cuerpos, el calor de sus manos, quería detener el tiempo y pensaba, pase lo que pase, esto es la felicidad, la felicidad… no podría desear nada mejor. Ahora, durante estos minutos puedo gozar una absoluta plenitud, y siento una gratitud inmensa por la vida que colma, que tanto me da”

(Agnes/Harriet Andersson)