LA MUJER INFIEL


La Femme Infidèle

Francia, Italia, 1969. 97 min. C

Dirección: CLAUDE CHABROL. Guión: Claude Chabrol. Música: Pierre Jansen. Fotografía: Jean Rabier. Intérpretes: Stéphane Audran, Michel Bouquet, Maurice Ronet, Michel Duchaussoy, Guy Marly, Dominique Zardi, Serge Bento, Louise Chevalier, Louise Rioton.


“Estaba, pues, meditando si por la diversión de hacer un collar de margaritas merecía la pena molestarse en coger flores, cuando de repente pasó por su lado un conejo blanco con los ojos rosa

(De Alicia en el País de las Maravillas)


Claude Chabrol (París, 1930-2010), surgido de la Cahiers du Cinéma pero alejado del afán más rupturista de la Nouvelle Vague, se hizo un nombre como director de psico-thrillers de misterio, a medio camino entre el policier y el cine negro, enmarcados en el contexto doméstico de la burguesía. Dejando al margen su opera prima El Bello Sergio (1958), película inaugural de aquel movimiento y que sí contenía sus fundamentos estéticos, su obra es un agudo y cínico análisis de la psicología de los personajes y el trasfondo social de la clase en que se mueven: la burguesía, en palabras de Chabrol, más que una clase social, “una condición de espíritu”. En lo referente a la creación de personajes, Chabrol se asemeja a Hitchcock, Lang y Lubitsch, pero también a Buñuel en cuanto a la capacidad de representar lo no dicho.


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La dimensión autoral del cine de Chabrol no se exhibe, sino que ha de buscarse dentro de la estructura lingüística y narrativa de cada película. Tras Las Ciervas, este “traidor” de la politique des auteurs realiza su tercer filme en colaboración con el productor André Génovès. La Mujer Infiel, junto a El Carnicero y Al Anochecer, conforman una trilogía que puede considerarse como su etapa más lúcida. Esta película sobre la culpa y la redención es la primera construcción que articula los dos ejes centrales de su obra: el desprecio por la burguesía francesa como modo de vida y la certeza de que el hombre, ante una adversidad que lo lleva a la pérdida de su dignidad, puede dejar de lado su civilidad y comportarse como una bestia.

Hélène Desvallées (Stéphane Audran) y Charles Desvallées (Michel Bouquet) son un típico y aparentemente feliz matrimonio burgués que vive con su hijo en una lujosa mansión en los alrededores de París. El marido, al descubrir  la infidelidad de su esposa, entra en un estado psicótico que lo lleva a asesinar al amante (Maurice Ronet). Ninguno de los dos habla del asunto, pero Hélène termina por intuirlo y se inicia así un juego de sobreentendidos y alusiones entre ellos y la policía. El final, en el que la complicidad entre marido y mujer deja el crimen impune, es memorable. Chabrol circunda un triángulo amoroso en una trama de sospechas, mentiras, traiciones y crimen. Como Alicia en el seguimiento del Conejo Blanco, el director repta por la realidad física cotidiana y logra descubrir la existencia de otro mundo al otro lado de las apariencias.


LA MUJER INFIEEE


La Mujer Infiel, además de una historia de tensión y suspense creciente sobre la infidelidad femenina y la bêtise (estupidez) de una burguesía celosa de su imagen de respetabilidad, también es un homenaje endiosado a la elegante Stéphane Audran (Versalles, 1932-2018), una de las actrices europeas con mayor potencia dramática de su generación. Audran fue esposa después de serlo brevemente de Jean-Louis Trintignant y actriz fetiche de Claude Chabrol, con quien tuvo un hijo y trabajó hasta en veintiuna ocasiones. Una figura de belleza gélida y sensualidad latente cuyo misterio es el motor de todo. Ella es Hélène, mujer insatisfecha envuelta en lujos, doblemente adúltera y en el que su fogoso materialismo carnal hace pedazos su microcosmos familiar, oasis utópico.

Fría y refinada, de ritmo relajado y con una narración apoyada en analogías, simbolismos y paralelismos, el relato camina inexorablemente hacia la tragedia. El más perfeccionista de los metters en scène del cine francés, privilegiando el tono objetivador de la crónica de sucesos como si fuera un arquitecto y deparando en el detalle y lenguaje no verbal, proyecta con La Mujer Infiel una de sus películas clave. La cinta, que obtuvo gran éxito de taquilla y crítica, fortaleciendo la ya sólida carrera de uno de los cineastas más importantes de la Nouvelle Vague, es un ejercicio de estilo sobrio, que tiende al clasicismo y que, como es habitual en su director, convierte la forma en sujeto.


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“Me encanta la ambigüedad de las apariencias. Defiendo el irrealismo, el artificio. Es necesario hacer trampa para obtener lo esencial”

(Claude Chabrol)