LOS COMULGANTES


Nattvardsgästerna

Suecia, 1963. 80 min. B/N

Dirección: INGMAR BERGMANGuión: Ingmar Bergman. Música: Evald Andersson. Fotografía: Sven Nykvist. Intérpretes: Gunnar Björnstrand, Ingrid Thulin, Max von Sydow, Gunnel Lindblom, Allan Edwall, Kölbjorn Knudsen, Olof Thunberg, Elsa Ebbesen, Tor Borong, Bertha Sannell.


“Llevamos una vida normal, sencilla, y noticias espantosas alteran nuestra paz. Nos abruma el sentido de las cosas y Dios se hace distante. Me siento impotente”

(el reverendo Thomas/Gunnar Björnstrand)


Los Comulgantes (o Luz de Invierno), realizada tres años antes que Persona (1966), es la película que sitúa a Ingmar Bergman en la línea de los cineastas-autores inalcanzables, junto a los trascendentales Dreyer, Ozu y Tarkovsky. Verdadera ruptura estética dentro de su obra, este es el trabajo de Bergman que más se aproxima al arte dreyeriano, no sólo por el contenido religioso (más evidente en el sueco), sino principalmente por la forma: puesta en escena austera, narrativa sobria y primeros planos de rostros, dignos herederos de los de La Pasión de Juana de Arco.

Es precisamente esa búsqueda de sencillez y pureza en el lenguaje cinematográfico y ese querer llegar a la esencia de las cosas con la mayor concisión lo que emparenta a Bergman con muchos de sus contemporáneos (Bresson, Rossellini o el mismo Dreyer), algo totalmente en desuso en la actualidad, donde los directores buscan el exceso y la aparatosidad. Otros (benditos) tiempos.



Los Comulgantes forma parte de la llamada Trilogía del Silencio de Dios de Bergman, completada por Como en un Espejo (1961) y El Silencio (1963). La película se centra en el pastor protestante Thomas Ericsson (Gunnar Björnstrand, en su mejor interpretación), el cual regenta las pequeñas parroquias de Mitsunda y Fröstnas, en la fría campiña sueca. El reverendo es un ser atormentado y sumido en una profunda crisis espiritual debido a su creciente inseguridad sobre la existencia de Dios, que se muestra callado ante el sufrimiento que padece y la crueldad del mundo en el que vive.

Su resquebrajada fe será puesta aún más a prueba por dos de sus comulgantes: Märta (la envejecida Ingrid Thulin, imponente como siempre), una maestra enamorada de él, que la rechaza refugiado en el recuerdo de su esposa fallecida, y el campesino Jonas (Max von Sydow), un hombre depresivo que le pide ayuda –en vano– para sobrellevar sus temores suicidas acerca de un conflicto atómico en China (algo que resulta, en cierta manera, hasta surrealista).



Película densa, severa y honesta que funde magistralmente dos constantes bergmanianas: la duda metafísica y el análisis introspectivo de las relaciones íntimas. Los Comulgantes no sólo es un filme sobre el vacío de Dios y la soledad personal, sino también una reflexión sobre el desamor (a las mujeres, a la vida) y la imposibilidad de expresar afecto y encontrar contacto con los seres humanos, algo de lo que el amargado pastor, encerrado en si mismo, no es capaz.

La hermosa fotografía en blanco y negro de Sven Nykvist construye un mundo plúmbeo gris y sin sol, de exteriores nevados e interiores opresivos, fiel correlato de la ofuscación mental de los personajes. Bergman ilumina regiamente a los actores en primeros planos, lo que permite interpretaciones contenidas y de gran concentración, soberbias. Formalmente austera, de realismo áspero y de metraje breve pero muy intenso, la película igualmente destaca por el rigor compositivo de los encuadres, el poderío visual de las imágenes y la atmósfera de desesperanza y agobio vital, a lo que contribuye la dureza y claustrofobia con que se muestran los signos religiosos (Cristos, pinturas murales, accesorios litúrgicos).



Obra mayor de Bergman y filme definitivo dentro de los que dedicó a la temática religiosa, Nattvardsgästerna inquieta por la hondura del interrogatorio que plantea y por las conclusiones pesimistas-liberatorias que se extraen. ¿Acaso no sería más fácil la vida sabiendo que Dios no existe, ya que si fuera así, no habría necesidad de buscar significado al dolor? El mismo director, autodenominado ateo, afirmaría que, de todas sus películas, Los Comulgantes es la más importante y con la que quedó más sinceramente satisfecho, ya que con ella aclararía finalmente sus dudas sobre la existencia de Dios.


“Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe”

(Gabriel G. Márquez)