LOS SEÑORES DEL ACERO


Flesh+Blood

Estados Unidos, Holanda, España, 1985. 126 min. C

Dirección: PAUL VERHOEVEN. Guión: Paul Verhoeven (Historia: Gerard Soeteman). Música: Basil Poledouris. Fotografía: Jan de Bont. Intérpretes: Rutger Hauer, Jennifer Jason Leigh, Tom Burlinson, Jack Thompson, Fernando Hillbeck, Susan Tyrrell, Ronald Lacey, Brion James, John Dennis Johnston, Simón Andreu, Bruno Kirby, Kitty Courbois, Marina Saura, Hans Veerman, Jake Wood, Héctor Alterio, Blanca Marsillach.


“Me fascinó. En él se sugiere que la violencia, los tormentos, los sufrimientos y la desintegración del pasado son un compendio y al mismo tiempo un consuelo paralelo a nuestro turbulento presente. Es como mirarse en el espejo de un antiguo paisaje y ver tu propio rostro”

(Paul Verhoeven, sobre el libro “Un Espejo Lejano”, de Barbara W. Tuchman)


La película nº 7 del holandés Paul Verhoeven es su primera coproducción norteamericano-europea, realizada antes de abandonar definitivamente la total libertad creativa de la que gozaba en su país en pos del encorsetamiento y merchandising de Hollywood. Rodada en un lustro donde proliferaban películas adscritas a la temática de espada y brujería (Excalibur, Conan, Lady Halcón), Los Señores del Acero es un puro condensado de las obsesiones truculentas y cínicas del director, para quien el hombre es un ser desdichado y malo por naturaleza y la violencia, el sexo y la codicia son los ejes que rigen el universo.



Pese a ser un relato de ficción, la trama estaba parcialmente inspirada, según Verhoeven, en el personaje de Jan van Leiden, un revolucionario anabaptista que en 1534 protagonizó un hecho histórico conocido como el cerco de Münster, una ciudad alemana que conquistó y gobernó durante dos años, autoproclamándose rey de “La nueva Jerusalén”, hasta que los ejércitos católicos retomaron el control, apresándolo y ejecutándolo públicamente. La película está ambientada en un lugar indeterminado de Europa Occidental en el año 1501, entre la convulsa Edad Media y el Renacimiento. Un ejército de mercenarios pone bajo asedio a una ciudad amurallada para devolvérsela a su antiguo gobernante, el noble Arnolfini (Fernando Hillbeck), quien a cambio les ha autorizado a saquearla durante veinticuatro horas.

La banda está liderada por el diestro en la guerra y muy religioso Martin (Rutger Hauer), un hombre turbulento y tan contradictorio como el Gerard Reeve de El Cuarto Hombre. Le acompaña una serie de variopintos personajes, entre ellos un niño tamborilero, un cura amoral y varias prostitutas. Lograda la conquista, Arnolfini los traiciona y, como represalia, secuestra y convierte en su amante a la princesa Agnes (Jennifer Jason Leigh, rechazadas Nastassja Kinski y Rebecca de Mornay), prometida de su hijo Steven (Tom Burlinson) y, como Christine en la anteriormente citada película, mitad víctima virginal, mitad ramera sin escrúpulos.



Tras la apariencia de típico cine de acción y de aventuras medievales, Los Señores del Acero esconde una mirada sombría y pesimista sobre la condición humana, tratando temas como la mezquindad, la superstición, el fanatismo religioso y el instinto de supervivencia. Verhoeven, con grandes dosis de incorrectismo político y acidez, vuelve a recrearse en lo perverso, la degeneración y el vicio, sin escatimar ningún tipo de violencia ni exacerbado realismo: violaciones, epidemias, torturas, cuerpos en descomposición, batallas cruentas, sexo descarnado y humor escatológico.

La cinta posee el sello artístico de los ochenta, la adecuada atmósfera de cuento y es visualmente elegante, no obstante el tono sucio del relato. La iluminación y la puesta en escena retrotraen a Rembrandt y a Brueghel el Viejo, respectivamente. El propio Verhoeven confesó que estaba muy identificado con la pintura holandesa del siglo XVI y XVII, especialmente con El Bosco y su inefable El Jardín de la Delicias. La banda sonora, fabulosa, está compuesta por Basil Poledouris, que sabe capturar las esencias más bárbaras gracias a su poderoso estilo sinfónico. La película fue íntegramente rodada en España (Cáceres, Oviedo y el castillo de Belmonte), país que también participó en la dirección artística y el vestuario.



Titulada originalmente Flesh+Blood, Carne y Sangre, o su reflejo Sexo y Muerte (a los que podríamos añadir Religión), Los Señores del Acero viene en resumir el apotegma del cine de Verhoeven, en el que, como dicen, el hombre no hace el amor, folla, no mata, se ensaña.