MOBY DICK


Moby Dick

Gran Bretaña, 1956. 116 min. C

Director: JOHN HUSTON. Guión: Ray Bradbury, John Huston (Novela: Herman Melville). Música: Philip Sainton. Fotografía: Oswald Morris. Intérpretes: Gregory Peck, Richard Basehart, Leo Genn, James Robertson Justice, Harry Andrews, Friedrich Ledebur, Bernard Miles, Edric Connor, Orson Welles.


“Esta ballena surge como un terremoto y te aplasta con furia, como si una montaña cayese de repente sobre el mar. Puede aplastar la cubierta de un barco, engullir la tripulación y limpiarse los dientes con los remos. Si alguna vez el diablo quisiera convertirse en pez, seguramente sería una ballena”

(Capitán Ahab/Gregory Peck)


El estadounidense de origen irlandés John Huston (1906-1987) es uno de los mejores directores del cine clásico americano. Hombre inquieto y de agitada juventud, fue campeón de boxeo, periodista y hasta ingresó en el ejército revolucionario de Pancho Villa. Su ópera prima fue El Halcón Maltés (1941), considerada como la primera muestra de auténtico cine negro. Pese a firmar películas de corte y valía desigual, muchos de sus títulos tienen un rasgo común: la búsqueda realizada obsesivamente hasta el borde del fracaso. Moby Dick (1956) es un perfecto ejemplo de ello.

Apasionante filme de aventuras marinas y tempestuosos infiernos interiores, Moby Dick se basa en la famosa novela homónima de Herman Melville, la cual narra la odisea del capitán Ahab y su obstinada y eterna lucha contra una enorme ballena blanca. El guión fue elaborado por Huston con la complicidad del escritor de ciencia ficción Ray Bradbury, que confesó que tuvo que leerse hasta nueve veces el libro. Los exteriores fueron rodados, con grandes dificultades técnicas y climáticas, en aguas de Gran Canaria y de la portuguesa isla de Madeira, donde se filmaron escenas reales de caza de cetáceos. El papel central fue para un sorprendente Gregory Peck, a quien le acompañó Orson Welles camuflado de secundario.



New England, 1841. El navío Pequod sale del puerto de New Bedford rumbo a las islas Azores, donde el capitán Ahab (Gregory Peck) espera capturar ballenas. Sin embargo, su prioridad es Moby Dick, un poderoso cachalote albino que tiempo atrás le arrancó una pierna y llenó de odio su alma. Ávido de venganza irracional, dispuesto a sacrificar su vida y la de su tripulación, el arisco y enervado patrón, con su pata de palo, se consagra a navegar incansablemente por los siete mares con el fin de dar muerte a su enemigo.

De profundo simbolismo, Moby Dick rehúsa quedarse en una sola intención y sobrepasa en mucho la aventura, convirtiéndose en una alegoría sobre Némesis y el castigo divino. El tema central de la película es el conflicto entre el capitán Ahab, un ser colérico que se rebela contra Dios, y la Ballena Blanca, o disfraz pérfido del pretendido Creador: “Si Dios fuera un animal, sería una ballena”, dice uno de los personajes. Remarcando el carácter blasfemo y moral-existencialista de la novela, el filme de Huston asume proporciones de fábula bíblica sombría. Moby Dick es la historia de un hombre rencoroso contra su destino, la de Ahab enfrentado irremediablemente a las invencibles fuerzas de la Naturaleza.



Todo en Moby Dick es grandioso y apocalíptico: el cielo azul, el mar indómito, la camaredería de los tripulantes del Pequod, Gregory Peck encarnando a Ahab, Orson Welles (como el Padre Mapple) predicando en la iglesia, la venganza, la vanidad y, especialmente, el impresionante Leviatán asesino. El filme, de cuidada ambientación marinera y logrados efectos especiales, destaca por el muy particular uso de la fotografía en Technicolor, sirviéndose de una atinada gama cromática de marrones y grises que tiene la fuerza suficiente para crear una genial atmósfera lúgubre y la sensación de vieja estampa que recorre la obra.

Moby Dick, de John Huston, no sólo es la adaptación más conocida y probablemente fiel –aun teniendo en cuenta el necesario trabajo de síntesis llevado a cabo– de la novela cumbre de Herman Melville publicada en 1851, sino también una de las películas de aventuras más maravillosas del séptimo arte.



“Los buitres del mar, en la piadosa mañana, y los tiburones, todos de riguroso negro. En vida, pocos de ellos habrían ayudado a la ballena si por ventura ésta los hubiera necesitado, pero al banquete de su funeral acuden todos”

(Moby Dick. Herman Melville)