PERSONA


Persona

Suecia, 1966. 81 min. B/N

Director: INGMAR BERGMAN. Guión: Ingmar Bergman. Música: Lars Johan Werle. Fotografía: Sven Nykvist. Intérpretes: Bibi Andersson, Liv Ullmann, Margaretha Krook, Gunnar Björnstrand, Jörgen Lindström.


“Probablemente no sea un mero accidente histórico que el significado de la palabra ’persona’ sea ‘máscara’. Es más bien un reconocimiento del hecho de que, más o menos, conscientemente, siempre y por doquier, cada uno de nosotros desempeña un rol. Es en estos roles donde nos conocemos mutuamente, a nosotros mismos. En cierto sentido, y en la medida en que esta máscara representa el concepto que nos hemos formado de nosotros mismos –el rol de acuerdo con el cual nos esforzamos por vivir–, esta máscara es nuestro ‘sí mismo’ más verdadero, el yo que quisiéramos ser”

(Erving Goffman)


El médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Jung, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis, cree que la personalidad, lejos de ser única e indivisible, está compuesta por un conjunto de sub-personalidades, entre las que se encuentran el “yo” (parte de conocimiento consciente), la “sombra” (el lado oscuro o parte de conocimiento reprimido) y la “persona” (máscara social). La “persona” le sirve al “yo” para relacionarse con el mundo exterior. Jung tomó prestado el término de “persona” del teatro romano, en el cual esa “persona” era la máscara del actor, que al colocársela desempeñaba un papel determinado dentro del drama.

En la película del sueco Ingmar Bergman (1918-2007), Elisabeth Vogler (Liv Ullmann), la actriz enferma que ha decidido sumirse en el más absoluto mutismo, quiere dejar de parecer/representar ante los demás y tratar de ser ella misma: quiere dejar de ponerse máscaras. Por su parte, la enfermera psiquiátrica Alma (Bibi Andersson), la única de las dos que habla y “eso que se espera socialmente de ella”, se abre tanto que termina por descubrir su “sombra” y retirar su máscara muy bien puesta. No obstante, la actitud de aislamiento de Elisabeth es tan sólo una máscara más, la del silencio.

Mediante el camino que lleva a la destrucción de esa máscara en el caso de Alma y el reconocimiento de la misma en el caso de Elisabeth, ambas mujeres convergen hacia una misma persona. Persona es la exploración de dos almas de una misma mujer.


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“¿Crees que no lo entiendo? El sueño imposible de ser. No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento. Vigilante. Al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma, el sentimiento de vértigo y el deseo constante de, al menos, estar expuesta, de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada. Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca”

(El diagnóstico a Elisabeth Vogler/Liv Ullmann)


La historia navega en la isla de Fårö cual castillo de los Cárpatos, donde la muda por decisión propia Elisabeth se recluye con su locuaz enfermera Alma, en apariencia más estable, hacia una (trans)fusión de miradas y personalidades mediante el proceso de simbiosis, o tal vez de vampirización con la chupadora de identidad Elisabeth. Juntas, como el director sueco muestra cuando yuxtapone los perfiles de las caras de las dos mujeres en una imagen inolvidable, conforman un rostro perfecto imposible.

Película psicológica, simbólica, críptica y desasosegante, sus lecturas filosóficas, existencialistas, ontológicas y metafísicas son inagotables. Con resonancias de Søren Kierkegaard, Persona se construye como una variación del juego de poder femenino en la pieza La Más Fuerte (1888) del dramaturgo August Strindberg (1894-1912), un ejercicio actoral cuya ”lucha de cerebros” –donde la violencia conduce al “crimen psicológico”– empapa gran parte de la obra bergmaniana. De esa forma, con dos mentes enfrentadas, el filme de Bergman se construye como un demoledor tour de force emocional entre Liv Ullmann y Bibi Andersson, seguramente el duelo femíneo más grandioso de la historia del cine.



Película mítica y de culto de un cineasta amante del teatro y alimentado por una profunda inquietud existencial. Ingmar Bergman, figura por excelencia del arte y ensayo europeo, ha sido uno de los directores que ha llevado el cine a sus más altas cotas artísticas. Bergman da una cátedra total en ochenta minutos con un filme de cámara rodado a proporción 1.33:1 en espacios cerrados y con una fotografía nítida en blanco y negro absolutamente prodigiosa del habitual Sven Nykvist. Con dejes importados de la Nouvelle Vague y el Free Cinema y un clima hipnótico próximo al cine de terror, Persona se edifica minimalista, tanto de forma como argumento, con una puesta en escena sobria y una enorme capacidad de abstracción y atemporalidad.

Persona, que inicialmente iba a ser titulada Cinematografía, es una película de rostros, de siega de palabras y rito de gestos. Una película sobre la luz que se ofusca y la luz que se aclara, sobre la pérdida de identidad, la incomunicación y el silencio.

Más que una película. Lección magistral de cine y psicología.



“Tengo la sensación de que en ‘Persona’ he llegado al límite de mis posibilidades.
Que en plena libertad, he rozado esos secretos sin palabras que sólo la cinematografía es capaz de sacar a la luz

(Ingmar Bergman)