PICKPOCKET (EL CARTERISTA)


Pickpocket

Francia, 1959. 75 min. B/N

Dirección: ROBERT BRESSON. Guión: Robert Bresson. Música: Jean-Baptiste Lully. Fotografía: Léonce-Henri Burel. Intérpretes: Martin LaSalle, Marika Green, Jean Pelegri, Dolly Scal, Pierre Leymarie, Kassagi, Pierre Étaix, César Gattegno.


“El Hombre extraordinario tiene derecho, no oficialmente, sino por sí mismo, a autorizar a su conciencia a franquear ciertos obstáculos, en el caso de exigirlo así la realidad de su idea, que en ocasiones puede ser útil a todo el género humano

(Crimen y Castigo. Fiódor Dostoyevski)


Robert Bresson (Bromont-Lamothe, 1901-París, 1999) es el cineasta más reflexivo sobre la esencia de su arte. Así lo atestiguan sus elevadas películas, aunque también las perlas filosóficas de su libro Notes sur le Cinématographe (1975), un vademécum de aforismos profundamente intelectual que medita sobre su concepción del cine, rebautizado como “cinematógrafo” en oposición al cine tradicional, o lo que él llama derivación perversa del teatro, sólo preocupado en reproducir aquello que se desarrolla delante de la cámara filmadora.

El estilo Bresson es Bresson. Único e intransferible, escueto pero intenso, tendente a un absoluto ascetismo y a una abstracción ejemplar. Su amigo Andrei Tarkovsky lo consideró como el más grande de los cineastas y Diario de un Cura Rural (1951) como su película favorita de todos los tiempos. El ruso decía: “Todos buscamos la simplicidad. Todos los artistas serios la buscan, pero muy pocos la alcanzan. Bresson es uno de los pocos que lo ha conseguido”.


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Las películas de Bresson plantean fascinantes problemas de estructura y significado. El director muestra la idea y revela lo indescriptible a través de la imagen (y el sonido). El vínculo imagen-idea, como en Sokurov (Madre e Hijo). No utiliza la cámara como método de reproducción de la realidad, sino como instrumento de creación: “La fuerza eyaculatoria del ojo”. El cinematógrafo le sirve para enseñar los misterios de la experiencia humana. Bresson lo hace de forma minimalista y rígida, despojando de lo esencial lo meramente accesorio, bajo el signo de la temporalidad y con encuadres estáticos y vacíos. “Construye tu película sobre lo blanco, sobre el silencio y la inmovilidad”, manda el autor. Y, sin embargo, las suyas están entre las películas con más riqueza espiritual que el cine ha producido.

La fragmentación y el fuera de campo como vías de escape al vicio de la representación del teatro bastardo son puro sello bressoniano. También el empleo de “modelos” (actores no profesionales), siempre fríos y vacíos de emoción, reducidos a meras presencias físicas. Todo ello le permite a Bresson buscar lo esencial: la verdad interior del sujeto y no la representación a través de sentimientos fingidos. Quizás las obras más representativas de su estilo sean Un Condenado a Muerte se ha Escapado (1956) y Pickpocket (1959), películas más regidas por el azar que por la norma de la causalidad inmediata del cine convencional.


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Pickpocket toma de Dostoyevski el tema del crimen y el castigo. Cuenta la historia de Michel (Martin LaSalle), un joven parisino que encuentra en el robo la satisfacción emocional, concibiéndolo como un acto creativo y expresivo de su superioridad intelectual y moral frente a la sociedad hostil. La cinta, hecha de silencios y sentimientos ocultos, trata la soledad íntima, la angustia, la culpa y la redención mística. A la vez, boceta una historia de amor casual y pura sin pasión exterior entre Michel y Jeanne (Marika Green), cuya culminación constituye el fin de todo lo que ha acontecido con anterioridad: “Oh, Jeanne, para llegar hasta ti, qué extraño camino tuve que tomar”. La impasible voz en off (de su conciencia) del protagonista acompaña la imagen y ayuda a esclarecer sus motivaciones y sentimientos.

Bresson usa el material específico del mundo exterior para explorar el interior. Radiografía el espíritu atormentado de Michel desde la descripción milimétrica de sus acciones cotidianas, donde lo importante es el gesto. Como explicó André Bazin, “a Bresson no le interesa la psicología, sino la fisiología de la existencia”.


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Pickpocket es una de las maravillas del cine europeo, además de un hito en la evolución del cine como lenguaje y como forma de pensamiento. Louis Malle dijo: “El estreno de ‘Pickpocket’ debe considerarse como una de las cuatro o cinco fechas cruciales de la historia del cine”. Rodado tres años después de Un Condenado a Muerte se ha Escapado, fue el quinto largometraje de Bresson, realizado como parte de la trilogía de la prisión, concluida con El Proceso de Juana de Arco.

“La pintura –confesó– me ha enseñado que no era preciso hacer bellas imágenes, sino imágenes necesarias”. Bresson, quien halla la poesía en los espacios vacíos, tergiversa nuestra comprensión de lo que es o puede ser el cine. El cinematógrafo, según Bresson “una nueva manera de escribir, por tanto de sentir”, es minoritario, pues está destinado a las mentes más intelectuales y esquinadas. Visualizarla requiere exigencia, pero el resultado merece la pena.


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“Bresson está siempre buscando. No sabe exactamente lo que hace cuando trabaja. Y, al final, encuentra lo que busca, pero siempre es un misterio. Es algo que ni él mismo sabe de antemano”

(Louis Malle)