TETSUO, EL HOMBRE DE HIERRO


Tetsuo

Japón, 1989. 67 min. B/N

Director: SHINYA TSUKAMOTO. Guión: Shinya Tsukamoto, Kei Fujiwara. Música: Chu Ishikawa. Fotografía: Shinya Tsukamoto. Intérpretes: Tomorowo Taguchi, Kei Fujiwara, Nobu Kanaoku, Renji Ishibashi, Naomasa Musaka, Shinya Tsukamoto.


 “Con nosotros comienza el reino de los hombres con las raíces amputadas. El hombre multiplicado que se mezcla con el hierro y se alimenta de electricidad.
Preparemos la próxima identificación del hombre con el motor”

(Filippo T. Marinetti. Manifiesto Futurista, 1910)


Mutación, cambio. El ser humano se metamorfosea dependiendo de las condiciones de vida. Encerrado en las grandes concentraciones urbanas, el hombre ha desarrollado una serie de ansiedades y deformaciones psicológicas que lo han conducido a una paulatina e irreversible insensibilización. La respuesta de Tsukamoto frente a ese panorama de decadencia pasa por una (necesaria) transformación física y mental, por una (con)fusión de carne y metal que nos elevará a un estado superior dentro de la cadena evolutiva. Imposible no relacionar dicha idea con Videodrome (1983), la máxima somática de David Cronenberg.



Al comienzo de Tetsuo, un hombre conocido como The Metal Fetishist (Shinya Tsukamoto) se introduce, con vicioso placer, trozos de hierro oxidado en su cuerpo, cuando de sus heridas infectadas empiezan a brotar gusanos. Asustado, huye a la carrera y es atropellado por un típico salaryman japonés (Tomorowo Taguchi). A partir de ese momento, el segundo hombre comienza a sufrir extraños síntomas en su propio cuerpo. De su cara y extremidades emergen protuberancias metálicas imposible de arrancárselas. Finalmente, ambos se enfrentarán mientras mutan de manera inimaginable. No obstante, ante la imposibilidad de ganar alguno de ellos, deciden fusionarse dando forma a una máquina de guerra dispuesta a “convertir el mundo entero en metal”, al grito de “Nuestro amor puede destruir este puto mundo. ¡Vamos allá! ¡Hagámoslo!”.

El muy transgresor y hombre-para-todo Shinya Tsukamoto (que se encarga de la dirección, del guión, de los efectos especiales, de la fotografía y hasta de interpretar a El fetichista, su álter ego) propone una ficción de lo más desasosegante sobre la Caída de la Humanidad. Filmada en un granuliento 16 mm y en un blanco y negro que es pura tiniebla, Tetsuo se alza como una película de auténtico culto dentro de la reverenciada Nueva Carne en su vena más virulenta y psicótica, donde materia orgánica e inorgánica se alean obscena y compulsivamente en búsqueda de una raza perfecta, en la que el cerebro queda supeditado a la voluntad del acero.



Realizado a partir de un cortometraje previo, The Phantom of Regular Size (1986), el primer largo de Shinya Tsukamoto recoge influencias de David Cronenberg (Videodrome, La Mosca), David Lynch (Cabeza Borradora) y el escritor William Gibson. Batiéndolas en una túrmix nipona junto al manga, el género mecha y el kaiju-eiga tipo Godzilla, la obra maestra del llamado Techno-Orientalism –o respuesta autóctona a la crisis de identidad causada por el entorno ultratecnológico, según Toshiya Ueno– posee sin embargo una personalidad propia irrefutable. Si a ello se le añade un montaje extremadamente frenético, una banda sonora industrial perforante y un aspecto visual que remite inconscientemente al Futurismo, el Constructivismo y el Surrealismo, el resultado es una feroz pesadilla cyberpunk que rezuma ultraviolencia, sexo, mutaciones, dolor/placer y opresión tecnológica por los cuatro costados.

El mismo Tsukamoto, tres años después de realizar Tetsuo, el Hombre de Hierro (1989), con más medios y a color, hizo una especie de secuela/remake, Tetsuo 2: El Cuerpo del Martillo (1992), la cual no hace sino prolongar la apología de la destrucción masiva. La tercera entrega llegó veinte años más tarde: Tetsuo 3: The Bulletman (2009). Ninguna de ellas, obviamente, supera a la original.



“¡Joder! ¿No lo entiendes? Tu futuro es de metal”