VIDEODROME


Videodrome

Canadá, 1983. 88 min. C

Director: DAVID CRONENBERG. Guión: David Cronenberg. Música: Howard Shore. Fotografía: Mark Irwin. Intérpretes: James Woods, Deborah Harry, Sonja Smits, Peter Dvorsky, Les Carlson, Jack Creley, Lynne Gorman.


“Y ahora que eres el mundo del vídeo hecho carne, ya sabes lo que debes hacer. Oponerte a Videodrome. Usarás las armas que te han dado para destruirles. Muerte a Videodrome. ¡Larga vida a la nueva carne!”

(Bianca O’Blivion/Sonja Smits)


Videodrome, inicialmente bautizada como “Network of Blood”, es una pesadilla de discurso apocalíptico convertida en un título de auténtico culto. Pivote de la obra de Cronenberg sobre el que el autor tejerá las progresivas divagaciones de su tesis somática, instigadora de la biomecánica cyberpunk y metáfora poética de la condición humana en la Era Posindustrial. Su influencia ha sido decisiva en el trabajo de otros cineastas contemporáneos de corte visionario como Shinya Tsukamoto, director de Tetsuo: El Hombre de Hierro (1988), cinta fundamental del Techno-Orientalism, o el también escritor Clive Barker, para quien los miedos no provienen del alma, sino del propio cuerpo.

El tachado como “rey del terror venéreo” por el corpus temático y estético de sus primeras películas es el exponente programático de la Nueva Carne, igualmente presente en artistas torturados fin de siècle como el escultor H. R. Giger, el fotógrafo Joel-Peter Witkin o el ilustrador Charles Burns. La Nueva Carne viene en proclamar la unión del cuerpo, carne sufriente e inestable, con materia inorgánica como medio para trascender a la naturaleza humana en busca de la inmortalidad. Carne y metal. Enfermedad. Mutación. Omnisexualidad y sexualidad neutra. Cavernoso. Rarefacto. La culminación de lo abyecto. Caracterizada por su ambigüedad moral inherente, es un concepto pseudo-filosófico sin definición consensuada. He ahí parte de su atractivo.


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Max Renn (que se relaciona con renaissance), un hombre de existencia mediocre y director de una cadena de televisión, coincide en un programa en el que se debate sobre la violencia sexual en la sociedad con Brian O’Blivion, un profeta de los medios de masas que ha creado un canal muy potente que emite ondas catódicas y modifica el cuerpo de las personas, convirtiendo lo inmaterial en físico. En la película aparecen dos mujeres: la masoquista Nicki Brand (la carne, el sexo), con la que Max experimenta una sexualidad desconocida, y la ambigua Bianca O’Blivion (el espíritu, el amor platónico), gran sacerdotisa del culto a su padre.

Envuelto en una conspiración oculta, Max Renn es finalmente imbuido por Videodrome, que penetra en su cerebro, copula con él y le causa alucinaciones, concluyendo en una metástasis (desde entonces llamada “nueva carne”). Su realidad comienza a transformarse, a fundirse con la del vídeo, hasta el punto de crear en su abdomen un reproductor en forma de vagina succionadora o de ver su mano unida a una pistola-cyborg, formando una cosa nueva de naturaleza híbrida. Como dice Visual Mark: “Primeros ves vídeo. Luego llevas vídeo. Luego comes vídeo. Luego eres vídeo”. O como dice uno de los personajes: “Las visiones se convierten en carne”. No pudiendo ya diferenciar lo que ocurre con lo que imagina, incapaz de superar esa suerte de fantasía sadomasoquista adictiva, su único fin es la autodestrucción. O quizás una nueva etapa de la evolución humana. Y es que el final de Max es ambiguo, como explica Cronenberg: “Me da la sensación de que, al final, Max consigue manipular esta nueva realidad en la que se encuentra para hallar de nuevo su propio equilibrio”.


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Agobiante y visceral, con increíbles efectos especiales de Rick Baker y llena de elementos perturbadores, la verdadera obra maestra de Cronenberg sumerge al espectador en un universo que encuentra sus paralelos en la Interzona de William Burroughs, los Mitos de Chtulhu de H. P. Lovecraft o las realidades simuladas de Philip K. Dick. Videodrome medita sobre la perversidad polimorfa, los reinos subjetivos de la experiencia y la explotación del cuerpo por los medios de comunicación, encerrando en su seno un complejo análisis de redefinición del hombre moderno y el mundo sólo comprensible a nivel intuitivo.

El tratamiento de lo fantástico que hace el director de Inseparables irriga las zonas de penumbra, la frontera existencial. Su reto es mirar la realidad desde una perspectiva diferente, no mirada por nadie, para mejor subvertirla. Declara Cronenberg: “No soy un entusiasta de la teoría del arte como terapia, pero creo que, en un nivel muy sincero, es cierto que todo artista intenta controlar la vida organizándola y dándole forma y recreándola. Porque sabe muy bien que la auténtica versión de la vida se escapa a su control. Es una de las principales razones por las que la gente crea: para tener algún control sobre el universo”. Porque, para él, quien domina el lenguaje domina la realidad y quien domina la imagen detenta el poder.


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Les has hecho daño pero no los has destruido. La muerte no es el final. Tu cuerpo ha sufrido muchos cambios, pero sólo es el principio, el principio de la nueva carne. Tienes que llegar hasta el final. Transformación total. ¿Crees que estás preparado? Para convertirte en carne nueva primero tienes que matar la vieja. No temas. No temas dejar tu cuerpo morir. Ven conmigo, Max. Ven con Nicki. Ven. Yo te diré cómo. Es fácil”

(Nicki Brand/Deborah Harry)