BARÓN FANTÁSTICO, EL


Baron Prášil

Checoslovaquia, 1961. 80 min. C

Dirección: KAREL ZEMAN. Guión: Karel Zeman, Jirí Brdecka, Josef Kainer (Libro: Rudolph Erich Raspe, Gottfried August Bürger). Música: Zdenek Liska. Fotografía: Jirí Tarantík. Intérpretes: Milos Kopecký, Rudolf Jelinek, Jana Brejchova, Karel Höger.


«Tenéis que saber que el nombre del barón de Munchausen es eterno, inmortal. No se puede hacer nada para evitarlo, ya que este es mi destino»

(El Barón Munchausen/Milos Kopecký)


Karel Zeman (Ostroměř, Nová Paka, 1910-Praga, 1989) es el cofundador del cine checoslovaco de animación (el otro es Jiří Trnka), incuestionable líder europeo en esa parcela durante los años cincuenta y sesenta. La escuela de creación de la extinta Checoslovaquia, un país con una fuerte tradición para la fantasía que arranca del propio folclore y del teatro de marionetas, reveló el gran talento e inventiva de animadores como Jan Švankmajer, Jiří Barta, Bretislav Pojar o los mismos Trnka o Zeman, además de otros cineastas ligados a la Nova Vlná como Vera Chytilová, Miloš Forman, Juraj Herz, Otakar Vávra o el gran František Vláčil, por citar algunos nombres.

La obra de Karel Zeman, apta para todos los públicos por su sofisticado ingenio y fascinante estilo visual, recoge el legado del mágico Georges Méliès elevándolo un paso más a través de todo tipo de técnicas tradicionales de efectos especiales, desde las más antañosas hasta las más vanguardistas. Haciendo caso omiso a la animación convencional y alejado de los patrones de la Disney y de las orgías de gráficos generados por ordenador de la actualidad, el muy creativo Zeman combinó actores e imágenes reales con el uso del stop-motion y de fondos móviles, consiguiendo así en cada uno de sus filmes una sensación de libro ilustrado que cobra vida



Tras realizar Una Invención Diabólica, el cineasta se zambulló en las profundidades quiméricas y barrocas de un mundo imaginario. Baron Prášil se inspira libremente en un relato del escritor y científico alemán Erich Rudolf Raspe publicado en 1785 y reelaborado un año después por el poeta Gottfried August Bürger, basado en la figura real del también alemán Karl Friedrich Hieronymus (1720-1797), el auténtico barón de Münchhausen, quien alistado al ejército ruso participó en varias campañas militares contra el Imperio otomano. La película de Zeman tiene el mérito de captar brillantemente toda la aventura, romanticismo y extravagancia de uno de los personajes más pintorescos de la literatura mundial, un héroe inmortal que se caracterizaba por una insuperable imaginación que le hacía contar historias extraordinarias, muchas de las cuales rayaban en la locura.

En El Barón Fantástico figuran algunas de las hazañas de esta especie rara de Don Quijote alemán. El filme se centra en Tonik, un moderno astronauta que aterriza en la Luna y que tras un desvanecimiento cae víctima de una ensoñación. En su alucinación, el viajero interespacial se encuentra con otros ilustres visitantes de la Luna: los que envió Verne en su libro «De la Tierra a la Luna», Cyrano de Bergerac y Munchausen. El Barón saldrá triunfador en todas sus aventuras, en la que no faltan episodios míticos como el vuelo a lomos de una bala de cañón o el que ocurre en el fondo marino dentro del vientre de una ballena. Sin embargo, fracasa en la conquista de la Princesa Bianka, una bella dama italiana capturada por los turcos cuyo corazón pertenece al joven Tonik.



Explorando libremente las grandes posibilidades plásticas y expresivas del arte audiovisual, Zeman realizó una obra deliciosa y plena de aliento poético cuya ambientación y diseño heterogéneo de arquitecturas (gótica, victoriana, árabe, mesopotámica) recuerda a Las Aventuras del Príncipe Achmed (Lotte Reiniger, 1926), otro de los filmes de animación fundamentales de la historia. El método de Zeman es usar decorados pintados a mano y luego hacer que los actores circulen por los fondos animados. El creador del entrañable Sr. Prokouk combina con coherencia el stop-motion y la técnica cut-out o de recortes, las postales rayadas en blanco y negro y la fotografía monocromática según el lugar donde el Barón se encuentra, rememorando en ocasiones los grabados de Gustav Doré. Así es como construye su universo narrativo y visual, un universo fantástico y abiertamente irreal, pocas veces emulado antes o después, enfatizado con el tratamiento musical y sonoro de Zdenek Liska y un peculiar sentido del humor, la ironía y el absurdo.

Münchhausen, ya sea un farsante, un bribón, un loco o el héroe más valiente que luchó y venció en los más disparatados combates, y cuyo nombre fue tomado por la psicología para designar un síndrome caracterizado por inventar dolencias para asumir el papel de enfermo, ha sido objeto de numerosas obras de arte, incluido el cinematográfico. Si la primera adaptación fílmica de la vida del Barón fue un cortometraje dirigido por Méliès en 1911, la última y más conocida fue la realizada en 1988 por Terry Gilliam, con el fantástico galán John Neville como protagonista. No obstante, la más alucinada y fastuosa sigue siendo la de Karel Zeman, un autor de talento fulgurante y todo un enamorado de la fantasía artesanal.


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«La obra de Zeman creó visiones asombrosas de mundos antiguos y modernos»

(Karl Cohen)