EL HAVRE


Le Havre

Finlandia, Francia, Alemania, 2011. 93 min. C

Director: AKI KAURISMÄKI. Guión: Aki Kaurismäki. Música: Varios. Fotografía: Timo Salminen. Intérpretes: André Wilms, Kati Outinen, Jean-Pierre Darroussin, Blondin Miguel, Elina Salo, Jean-Pierre Léaud, Evelyne Didil.


 “Uno de los secretos profundos de la vida es que lo único que merece la pena hacer es lo que hacemos por los demás”

(Lewis Carroll)


Tras cinco años de inactividad, el incomparable Aki Kaurismäki (Orimattila, Finlandia, 1957) se reencuentra con su particular estilo en El Havre (Le Havre, 2011), con una frialdad melodramática que se convierte en verdadera emoción (no sensiblera). Heredero del cine clásico y del llamado cine moderno, Kaurismäki escribe, dirige, produce y rueda en Francia (concretamente en Le Havre, Normandía) un homenaje al sector más sobrio, poético, romántico y elegante de la cinematografía francesa: Bresson, Carné, Renoir, Tati, Melville. Ganadora del premio FIPRESCI en Cannes, la película nº 16 de l’enfant terrible europeo tiene la insólita virtud de hacerte salir del cine con una sonrisa reconfortante y siendo, y eso es la más meritorio, mejor persona.


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Le Havre, escrita, dirigida y producida por Kaurismäki, narra la historia de Marcel Marx (André Wilms), un escritor bohemio y exiliado voluntariamente en la ciudad portuaria de Le Havre, donde se gana la vida, con orgullo, como limpiabotas en la estación de ferrocarril. Está casado con su amada Arletty (la rubia fetiche Kati Outinen, en su décima colaboración con el director), una mujer buena que enferma de gravedad al final salvada milagrosamente–, y tiene una perra que se llama Laika (otra vez el perro en Kaurismäki, inseparable compañero). El destino hace que Marcel se encuentre con Idrissa (Blondin Miguel), un niño africano fugado del container en el que ha viajado desde Gabón, su país de origen. El optimista de buen corazón Marcel luchará contra los insensibles mecanismos del Estado y hará suya la misión de conseguir que el joven llegue al East End londinense para reunirse con su madre, también inmigrante ilegal.

Le Havre es una fábula poética sobre la indiferencia humana y su reverso: la solidaridad. “Es puro corazón, romántica y optimista”, dice Kaurismäki. El director, que siempre busca en la bondad del espíritu la clave para solucionar los problemas, trata la fraternidad obrera y el tema de la inmigración ilegal desde el África subsahariana. No obstante, y ello es lo que le hace grandetiene la nada habitual capacidad de, partiendo del realismo, alcanzar el Neorrealismo y llegar al sueño: «Como no soy verdaderamente un director documental ni político he hecho un cuento de hadas».


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Como es norma en el universo melancólico de Kaurismäki, la película se puebla de personajes extravagantes, tiernos, entrañables y pudorosamente inexpresivos. Desde los humildes pequeños comerciantes del barrio hasta el hosco pero finalmente benévolo inspector de policía (Jean-Pierre Darroussin) muchos parecen sacados de un cómic que, de repente, ha cobrado vida. En el filme aparece el cómico Pierre Etaix (en el papel de médico) y Jean-Pierre Léaud (el chico de Los 400 golpes, ahora con 67 años, como vecino delator). En Le Havre tampoco falta el habitual humor seco y excéntrico, el fetichismo objetual de colores chillones y la actuación musical y en vivo de rockeros de vieja estirpe, en este caso Little Bob (un grupo de rock francés y nombre de su vocalista comparado con los primeros AC/DC), a quien la comunidad recluta para dar un concierto para sufragar la partida de Idrissa.

El hasta ahora último filme del finlandés es otra muestra de imperdible valor ético y estético dentro de su personalísima obra. Kaurismäki es un cineasta inteligente y de mirada cínica y anticapitalista que rehuye las tentaciones moralistas y los etiquetados políticamente correctos y crea un mundo aparte, tan humano como (im)posible, tan bello como absurdo. Como apunta Daniel Andreas, “en el arte en general, el realismo no es sino un estorbo a la hora de capturar y disecar la realidad; y que, en el cine en particular, la conciencia social no es necesariamente sinónimo de sensiblería”. Le Havre, una película social optimista y llena de cariño de un director pesimista.


«Me gustan los seres humanos, los árboles, los animales. Y odio cualquier tipo de odio, excepto entre amigos. Siempre pienso que sólo se puede odiar a un amigo, por un momento. Luego, te tomas una cerveza, si no está prohibida, y vuelves a quererlo»

(Aki Kaurismäki)


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«¿No se cansan acaso los locos?»

– «¡Cómo podrían cansarse los locos!»

(Niños en la Carretera. Franz Kafka)