INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS, LA


Invasion of the Body Snatchers

Estados Unidos, 1978. 115 min. C

Dirección: PHILIP KAUFMAN. Guión: W. D. Richter (Novela: Jack Finney). Música: Denny Zeitlin. Fotografía: Michael Chapman. Intérpretes: Donald Sutherland, Brooke Adams, Leonard Nimoy, Jeff Goldblum, Veronica Cartwright, Art Hindle, Lelia Goldoni, Kevin McCarthy, Don Siegel, Tom Luddy, Michael Chapman.


– Esa no es mi mujer.

– Venga, hombre, quizá esté algo nervioso, tranquilícese.

– Le digo que esa no es mi mujer…


La Invasión de los Ultracuerpos, que resucita nuevamente la novela de Jack Finney (1954), es una de las mejores películas modernas de ciencia ficción, superior al filme original, La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (Don Siegel, 1956), al que guarda gran respeto y lo enriquece con nuevos y fascinantes matices. Al igual que la novela y su predecesora, la película de Kaufman y el guionista W. D. Richter es el reflejo de la época y la sociedad del momento en que se rueda. Si la pesadilla paranoica de Siegel, rodada bajo los auspicios de la Guerra Fría, se interpretó en clave política y como una crítica a la Caza de Brujas o el reflejo del temor a una hipotética invasión soviética, La Invasión de los Ultracuerpos, en la que la acción se traslada del pueblo de Santa Mira a la gran metrópolis de San Francisco, se adentra en una fantasmagoría contemporánea del desencanto, la pérdida de identidad y la incomunicación, particularmente oportuna en la convulsa década de los setenta.


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Unas especies de filamentos o briznas vegetales abandonan su planeta con la finalidad de colonizar la Tierra y reemplazar a los seres humanos, aunque conservando su morfología externa pre-muda. La paranoia colectiva y desconfianza se extienden por San Francisco, mientras sus habitantes van adoptando una personalidad sin emociones, deshumanizándose y convirtiéndose en esclavos gregarios de una invasión extraterrestre. La Invasión de los Ultracuerpos está incrustada en la psicología alien y la lucha por la supervivencia entre especies, planteando una revisión carnal y traumática de la suplantación y los temas de «el otro» y la injerencia de lo desconocido en el universo cotidiano, que pronto deviene en uno orwelliano regido por teorías conspirativas y el control de las masas.

Con nervio desesperanzado y apocalíptico, el director mezcla la ficción científica biologista y de encaje socio-conductual con el suspense psicológico y el puro terror. El crítico José M. Latorre sostiene que en La Invasión de los Ultracuerpos coexisten tres películas de ciencia ficción: la «ecológica», la «discursiva» (en torno al cambio que está experimentando la Humanidad) y una tercera sin rótulo: «la que pone en evidencia la capacidad del absurdo que encierra el mundo moderno».


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La atmósfera de asfixia y el clima húmedo que recorre la película sirven para transmitir una sensación de continua angustia y pesadilla tensa. A ello contribuye decisivamente el paisaje urbano y espléndidamente fotografiado por Michael Chapman (quien ya había hecho lo propio en el Nueva York de Taxi Driver), que se aprovecha de la nocturnidad, la arquitectura gótica y el juego entre luces, sombras y colores. También el estilo aséptico y el uso de grandes contrapicados y la cámara en mano.

Pese a enmarcarse en el género fantástico, La Invasión de los Ultracuerpos está rodada con el realismo, sobriedad y vigor del mejor cine policíaco de los años setenta, manejando convenientemente la intriga y el ritmo creciente sin necesidad de abusar de efectos especiales, sólo presentes en momentos puntuales y siempre viscosos y efectivos. El filme se completa con un elenco actoral amplio y muy atractivo: el protagonista Donald Sutherland (interpretando a un inspector sanitario llamado Matthew), Leonard Nimoy (el Sr. Spock de Star Trek, en el papel de un inquietante psiquiatra), el metamorfoseante Jeff Goldblum, Brooke Adams y Veronica Cartwright. Además, incluye cameos de Kevin McCarthy (al inicio, corriendo por las calles mientras grita la ominosa advertencia) y Don Siegel (un conductor de un taxi con oscuras intenciones), protagonista y director, respectivamente, de la película original.


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La Invasión de los Ultracuerpos, próxima a los postulados de la Nueva Carne, concluye con una imagen inolvidable y mítica de aroma pesimista: el infalible Matthew/Donald Sutherland dando un grito escalofriante con el dedo alzado… el grito con el que los invasores señalan a los que todavía siguen siendo humanos.