ZOMBI


Dawn of the Dead

Estados Unidos, 1978. 126 min. C

Director: GEORGE A. ROMERO. Guion: George A. Romero. Música: Dario Argento, Goblin. Fotografía: Michael Gornick. Intérpretes: David Emge, Ken Foree, Scott H. Reiniger, Gaylen Ross, David Crawford, David Early, Richard France, Howard Smith, Tom Savini.


Cuando no hayas más espacio en el Infierno,
los muertos caminarán por la Tierra


Después de diez años y a continuación de la desconcertante y maravillosa Martin, el neoyorkino de ascendencia española y lituana George A. Romero (1940-2017) retomó el tema de Night of the Living Dead, esta vez a todo color y con asombrosos y sangrientos efectos especiales de Tom Savini. Dawn of the Dead, titulada con el lacónico Zombi en España, es una obra maestra del género zombi moderno y uno de los mejores y más icónicos filmes de terror de la historia. La cinta se pudo realizar –además con un presupuesto holgado para la época– gracias, en parte, a la financiación de Dario Argento, quien a cambio se ocupó de su distribución internacional y colocó a su grupo fetiche, los progresivos I Goblin, en la banda sonora. Dawn of the Dead cuenta con dos versiones: la de Romero, concebida originalmente para el mercado anglosajón, más extensa y centrada en la sátira social, y la de Argento, para los países de habla no inglesa, más corta, trepidante y centrada en el gore.



Los muertos salen de sus tumbas y se transforman en zombis que devoran carne humana y contagian a los vivos. La epidemia zombi se ha extendido a gran escala y sin control por los Estados Unidos. El prólogo en el estudio de televisión y el caos violento en los suburbios demuestran la caída inmediata de la civilización. Romero ubica el marco del terror antropófago en un inmenso centro comercial, en el que cuatro supervivientes inverosímiles (dos miembros del SWAT, una periodista y un oficial de policía) se refugian huyendo de las masas incansables. En el claustrofóbico recinto, que utilizará para vivir de forma alternativa durante meses, el cuarteto protagonista se tendrá que enfrentar, armado hasta los dientes, con hordas de zombis putrefactos y de caras azulonas, a una banda de motoristas salvajes (comandada por el mismo Tom Savini y compuesta por muchos miembros de los Pagans Motorcycle Club) y también a su propia degradación moral.

Zombi se rodó, en tres meses, en los alrededores de Pittsburg (Pensilvania), igual que La Noche de los Muertos Vivientes. El centro comercial escogido, símbolo de la sociedad de consumo, fue el de Monroeville Mall (130 tiendas, de las 140 que había, dieron su permiso), inmortalizado por siempre y convertido en un lugar de peregrinaje para los amantes del terror. Curiosamente, cuando Romero y su equipo comenzaron a grabar a finales de 1977, el rodaje tuvo que ser pausado por las navidades, ya que el centro estaba adornado para las fiestas y atiborrado de consumidores compulsivos (qué ironía). Aprovechando ese parón navideño, el director filmó las escenas que transcurren en el aeropuerto y otras localizaciones urbanas, regresando al Monroeville Mall en enero, una vez retirados los adornos.



Romero, que decía que veía a los muertos vivientes como un desastre natural o un cambio global, elevó el zombi cinematográfico a la categoría de herramienta subversiva. Si la seminal La Noche de los Muertos Vivientes se relaciona con el racismo y los derechos civiles, Zombi podría ser una metáfora del consumismo voraz y de determinadas conductas humanas en un contexto límite, como la codicia y el egoísmo personal. Por un lado, los zombis autómatas, torpes y lentos al andar pero hambrientos de carne, deambulando estúpidamente por los grandes almacenes e hipnotizados por la publicidad, como guiados por una especie de instinto o recuerdo de lo que hacían en vida. Por otro, los cuatro humanos, incapaces de cooperar, que toman todo lo que quieren de las tiendas, convierten su zona de almacenaje en un lujoso apartamento y parecen olvidar el peligro mortal que les acecha.

La filmografía de George A. Romero utiliza el terror para construir una crítica sociopolítica corrosiva, escondiendo diferentes lecturas y propósitos. Más allá de los zombis y la casquería, sus películas reflejan, con altas dosis de amargura e ironía, aspectos y miserias del mundo contemporáneo: represión sexual (La Estación de la Bruja), inadaptación social (Martin), manipulación científica y autoritarismo (El Día de los Muertos Vivientes), capitalismo y estructura de clases (La Tierra de los Muertos Vivientes), medios de comunicación y voyeurismo (El Diario de los Muertos), intransigencia y divisiones sociales (La Resistencia de los Muertos).



La adictiva Zombi funciona como un survival o un western de terror urbano, donde en vez de forajidos protegiendo un fuerte en la frontera americana, tenemos a un grupo de supervivientes atrincherados en un hipermercado, asediados por cientos de zombis (participaron más de mil figurantes). El ritmo y la acción es frenética desde el arranque en el estudio de televisión –en el que Romero y su esposa hacen un breve cameo– y abarca tiroteos, barricadas y persecuciones. Estéticamente realista y cruda, con un look no experimental, el filme destaca por su violencia gráfica y el uso hiperrealista e innovador de los efectos especiales y el maquillaje, coordinados por el ilustre Tom Savini –casualmente o no nacido en Pittsburg– y forjados con jarabes de azúcar, mantequilla de cacahuete y colorantes, inspirados por su labor como fotógrafo de combate en Vietnam. El surtido de imágenes espeluznantes incluye cuchillos horadando rostros, cabezas explotadas, canibalismo, mutilaciones, destripamientos explícitos y otras lindezas.



«La fantasía es un medio para las metáforas […] y dado que estoy atascado en este género, intento buscar nuevas formas de utilizarlo. Para al menos expresar alguna opinión o satirizar cosas y divertirme»

George A. Romero