AQUELLA CASA AL LADO DEL CEMENTERIO


Quella Villa Accanto al Cimitero

Italia, 1981. 84 min. C

Dirección: LUCIO FULCI. Guion: Lucio Fulci, Giorgio Mariuzzo, Dardano Sacchetti. Música: Walter Rizzati. Fotografía: Sergio Salvati. Intérpretes: Paolo Malco, Catriona MacColl, Giovanni Frezza, Giovanni De Nava, Dagmar Lassander, Ania Pieroni, Carlo De Mejo, Silvia Collatina.


«En este momento de nuestra sensibilidad necesitamos un teatro que nos despierte los nervios y el corazón… Desde aquí apelo a la crueldad y al terror»

Antonin Artaud. El Teatro y su Doble, 1938


Lucio Fulci (1927-1996) abandonó los estudios de Medicina para formarse y licenciarse en el prestigioso Centro de Cine Experimental de Roma, donde coincidió con cineastas de la talla de Michelangelo Antonioni y Luchino Visconti. Fulci debutó como director empezó a dirigir nada menos que a finales de los lejanos años cincuenta con la comedia de Totó Contrabando en Nápoles, llegando al cine de terror en sentido estricto en 1979, dos décadas después, con Nueva York bajo el Terror de los Zombies, dos décadas después de haber debutado con la comedia de Totó Contrabando en Nápoles. Auténtico explotador de géneros y figura fundamental para entender el cine italiano más escabroso y sangriento, cultivó a lo largo de su prolífica y heterodoxa carrera, con gran éxito comercial, el drama histórico, la comedia erótica, el spaguetti western, el poliziesco, la fantasía post-apocalíptica, el horror y, cómo no, el giallo, entre ellos Una Lagartija con Piel de Mujer (1971) y Angustia de Silencio (1972), ambos interpretados por Florinda Bolkan.


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Lucio Fulci levanta iras y pasiones encontradas, pero su estilo, indudablemente, existe por completo. Sus películas han sido acusadas de arrítmicas, falta de ritmo, de incoherencia narrativa argumental y de ausencia de crescendo dramático (también de misóginas y de ofrecer violencia gratuita). De ser así, da igual. Porque no pueden ser objeto de racionalización, ya que persiguen provocar buscan generar una respuesta emocional, una extrañeza visceral  en el espectador similar al Unheimlich, o «lo siniestro», de Sigmund Freud, definido por el filósofo Schelling como «una extrañeza inquietante; todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, oculto, ha salido a la luz». El controvertido Fulci, según confesión propia, sólo quería crear imágenes autónomas que excluyeran toda posibilidad de análisis, .

El severo Lucio Fulci siempre ha levantado, sobre todo en vida, iras y pasiones encontradas, dividiendo radicalmente a la crítica. pero Siempre poseyó, en cualquier caso, un estilo cinematográfico absolutamente inconfundible. Actualmente es reconocido, casi de forma unánime, de forma casi unánime, es considerado, con justicia,  lo que, en realidad, siempre fue: Posteriormente ha sido reconocido como lo que siempre fue, uno de los grandes maestros del cine de terror y del giallodel siglo XX, poseedor de un estilo cinematográfico absolutamente inconfundible, netamente italiano, pero opuesto a su contemporáneo Argento por ser sus extremos más ofensivos y crueles. . A menudo sus películas han sido acusadas de arrítmicas, falta de ritmo, de incoherencia narrativa argumental y de ausencia falta de tensión dramática, de ofrecer violencia gratuita y hasta de de ausencia de crescendo dramático (también de misóginas y de ofrecer violencia gratuita). se ha acusado a sus películas de ser arrítmicas, incoherentes en , a lentas, confusas, carentes de tensión dramática, misóginas y excesivamente violentas. Sin embargo, de ser así, resulta irrelevante, porque Fulci, según confesión propia, sólo quería crear ideas e imágenes autónomas que excluyeran toda posibilidad de análisis racional y lógico. Su verdadero objetivo era perturbar y provocar de Fulci, según confesión propia, es evocar provocar incomodidad y una respuesta emocional, incómoda y visceral, en el público, despertar las fuerzas ocultas del inconsciente.

Dicho efecto se emparenta, por un lado,  mediante imágenes autónomas, un efecto emparentado con el Unheimlich o «lo siniestro» de un concepto teorizado por Sigmund Freud y definido por el filósofo Schelling como «una extrañeza inquietante; todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, oculto, ha salido a la luz». También con el Y por otro, como asimismo reconoció Fulci, El romano Fulci asimismo reconocería la influencia del poeta, dramaturgo y ensayista francés Antonin Artaud, el alucinado teórico del «teatro de la crueldad», del alucinado teórico Antonin Artaud, quien propuso una nueva idea de representación y de puesta en escena: libre, total, de mirada lúdica, como un «exorcismo mágico»; una mera teoría que Fulci llevó a la práctica.  convirtió en algo De esta manera, llevando la mera teoría a la práctica, con la sensacional Con la esencial llamada trilogía de Las Puertas del Infierno realizada entre 1980 y 1981 (Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes, El Más Allá y Aquella Casa al Lado del Cementerio), el director,  evolucionaría hacia una concepción del horror más elevada y pura y en la que los tradicionales excesos del físico y el gore se solapan con la metafísica y el sentido del delirio, confirmando la genial habilidad capacidad de Fulci l realizador para imaginar y crear dimensiones paralelas (especialmente en la más onírica El Más Allá, a menudo considerada el summum de su arte). su obra maestra).  que cohabi  . Fulci mostró una genial capacidad para. con los presupuestos que manejaba, imaginar y crear universos personales donde cohabitan de forma fantástica y poética dos dimensiones, en la más onírica El Más Allá.  (en Aquella Casa al Lado del Cementerio 


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La trama de Aquella Casa al Lado del Cementerio, libremente basada en la obra de Lovecraft, es sencilla y está hecha , y tejida con trozos de pesadilla. Un matrimonio (Paolo Malco y la icónica Catriona MacColly) y su hijo Bob (Giovanni Frezza, il bel bambino rubio y de ojos azules) se trasladan a una viejo y tétrico caserón de arquitectura gótica en medio de la nada, en la gris población de New Whitby (Nueva Inglaterra), donde el marido, científico, debe investigar el extraño suicidio de un científico compañero suyo. A partir de ahí, la acción se centra en las visiones del pequeño Bob, que contacta telepáticamente con una enigmática niña pelirroja (Silvia Collatina), Mae Freudstein, quien parece sacada de una película de Mario Bava, cual etérea emisaria del Mundo de los Muertos que aparece en los alrededores de la casa y que le advierte del peligro. La clave del misterio será un tal icónico Dr. Freustein (Freud + Frankenstein), el antiguo dueño de la casa, quien Más de un siglo después de su desaparición, ahora transformado en un ogro de rostro deforme y con vestimenta militar, vestido a la usanza militar, Freudstein habita en el sótano de la casa necesitando y necesita tejidos humanos con los que preservar su estado de conservación.

El final de la película es hermoso y de gran fuerza poética, poético, romántico, melancólico: Mae y su madre cogidos de la mano de Bob, salvadoras, caminando por el bosque otoñal, de colores pastel, es Bob llevado de la mano de Mae y su madre, salvadoras,  llevándole con ellas al otro plano, el de los fantasmas, donde no puede morir. El cierre es una cita   se cierra escalofriante, como el brusco despertar a una pesadilla, con una reveladora cita del escritor estadounidense Henry James: «Nadie sabrá nunca si los niños son unos monstruos o los monstruos son niños».


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Aquella Casa al Lado del Cementerio es un cuento de hadas gótico y perverso, y de miedos infantiles y sobre la futilidad de la vida, gótico, perverso, gótico y hasta poético, Esta ópera fulciana es una mefítica mezcla de la topografía fantástica de H. P. Lovecraft, la ofusquedad claustrofóbica de Edgar Allan Poe y la moda de las clásicas haunted house tipo Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979) y, especialmente, El Resplador (Stanley Kubrick, 1980). Todo atravesado por una vena decadente y crepuscular y salpicada con hechuras propias del giallo más sangriento (los planos de los asesinatos con cuchillo). El resultado es terror esencial, desasosegante y cruel y enfermizo, de atmósfera plúmbea y también plúmbeo y exquisitamente casposo. Si bien Lucio, si bien  tomaba elementos e ideas de otros filmes y autores, era capaz de llevarlos a su terreno y usarlos para dar rienda suelta a sus obsesiones, posiblemente relacionadas con su trágica vida personal, dotando a su trabajo de idiosincrasia propia. ayudado por la necesaria e inquietante banda sonora de Walter Rizzati contribuye a crear , un clima desasosegante y de aura irreal como sólo él sabía hacer,

Aquella Casa al Lado del Cementerio es un cuento de hadas gótico y perverso sobre los miedos infantiles y la futilidad de la vida; una obra hasta poética en su crueldad. La ópera fulciana es una mefítica La película mezcla entre la topografía fantástica de H. P. Lovecraft, la claustrofobia de Edgar Allan Poe y la moda de las haunted houses clásicas tipo Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979) y, especialmente, El resplandor (Stanley Kubrick, 1980). Todo el metraje está atravesado por una vena decadente y crepuscular y salpicada con hechuras propias del giallo más sangriento mediante minuciosos —los minuciosos planos de asesinatos a cuchillo, por ejemplo—. El resultado es terror esencial, desasosegante, cruel y enfermizo, envuelto en una atmósfera plúmbea y exquisitamente casposa. Si bien Lucio tomaba prestados elementos e ideas de otros filmes y autores, era capaz de llevarlos a su terreno para dar rienda suelta a sus obsesiones —posiblemente relacionadas con su trágica vida personal—, dotando al trabajo de una fuerte idiosincrasia. A esto contribuye la inquietante banda sonora de Walter Rizzati, pieza clave para levantar ese clima de aura irreal que solo el director italiano sabía concebir.


 

 

El «poeta de lo macabro» vuelve a transpirar malignidad por los cuatro costados y a crear, ayudado por la necesaria e inquietante banda sonora de Walter Rizzati, un clima desasosegante y de aura irreal como sólo él sabía hacer, siempre fiel a su estética del exceso, la descomposición y lo abyecto.Quella Villa Accanto al Cimitero es una película clave del terror italiano de los años setenta y ochenta. Si bien Lucio tomaba elementos e ideas de otros filmes y autores, era capaz de llevarlos a su terreno y usarlos para dar rienda suelta a sus obsesiones, dotando a su trabajo de idiosincrasia propia.


La película, dotada de una atmósfera claustrofóbico de cuento de hadas perverso y de miedos infantiles, se cierra escalofriante, como el brusco despertar a una pesadilla, con una reveladora cita del escritor estadounidense Henry James: «Nadie sabrá nunca si los niños son unos monstruos o los monstruos son niños».