DOS MENOS UNO, TRES


La Morte ha Fatto l’Uovo

Italia, Francia, 1968. 86 min. C

Dirección: GIULIO QUESTI. Guion: Franco Arcalli, Giulio Questi. Música: Bruno Maderna. Fotografía: Dario Di Palma. Intérpretes: Gina Lollobrigida, Jean-Louis Trintignant, Ewa Aulin, Jean Sobieski, Renato Romano, Vittorio André, Giulio Donnini, Biagio Pelligra, Cleofe Del Cile.


«Eran los años del boom económico. La industrialización era una marea creciente que arrasó todo, un himno al futuro, un frenético embalaje de productos, sin distinción entre lo animado y lo inanimado. Los productos todavía vivos gritaban de terror y dolor. Las grandes bandadas de pollos eran un símbolo. Cada pollo era un hombre, cada gallina una mujer, cada cerdito un niño. Sobre ellos se construía la riqueza. Y sobre todo triunfaba EL HUEVO, blanco, suave, perfecto, con la vida encerrada dentro. La perversión sexual seguía siendo la única salida posible»

Giulio Questi


En 1968, cuando se rodó Dos Menos Uno, Tres, no estaba codificado del todo el giallo, todavía sin la referencia formal de El Pájaro de las Plumas de Cristal, la exitosa película-debut que Dario Argento hizo dos años más tarde y que inauguró una de las épocas más prósperas del cine de género hecho en Italia. Después de que Mario Bava hubiera establecido sus bases en La Muchacha que Sabía Demasiado (1962) y Seis Mujeres para el Asesino (1964), el giallo siguió formándose, lentamente y sin la estética del crimen, durante el segundo lustro de los sesenta, con títulos que iban aportando elementos iconográficos (los guantes negros en Crimen en la Residencia, la máscara del asesino en Il Mostro de Venezia), además de otros de vertiente psicológica y erótico-morbosos, aún de influencia anglosajona, como El Dulce Cuerpo de Deborah, Orgasmo, Así de Dulce, así de Maravillosa, Una Historia Perversa, Delitto al Circolo del Tennis, A Doppia Faccia, e incluso Libido o La Mujer del Lago

Si bien también podemos considerar La Morte ha Fatto l’Uovo un ejemplo primerizo de giallo, la película de Questi resulta una pieza inclasificable que mezcla los florecientes filmes de contestazione italianos, el cine de aire vanguardista tipo Blow-Up de M. Antonioni y los sofisticados psico-gialli sexy que U. Lenzi estaba realizando por entonces, con la rubia Carroll Baker como protagonista. Giulio Questi –y eso es lo que la convierte en especial, hasta brillante– trastoca los conceptos de fondo y forma y el orden lógico de las cosas, haciendo que la historia sea un pretexto para dar rienda suelta a su osada imaginería y atrevido estilo narrativo, próximo a la experimentación y el surrealismo. El director bergamasco, asimismo escritor de cuentos, guionista y actor en La Doce Vita, únicamente rodó dos largometrajes más: Oro Maldito (1967), un spaguetti western hiperviolento y de temática pseudo-social, y Arcana (1972), una especie rara y perturbadora de cine post-neorrealista.


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La Morte ha Fatto l’Uovo, a la que le redujeron veinte minutos de duración (eliminando, por ejemplo, un personaje surrealista interpretado por el actor Renato), es un extraño thriller psicológico bañado de erotismo turbio e intrigas, maquinaciones, apariencias, celos y mentiras. La trama se focaliza en una granja de avanzada tecnología en la que intentan crear masivamente una raza de pollos mutantes y perfectos, sin cabezas ni plumas, que no necesitan comer para crecer y pueden proporcionar cuantiosos beneficios. Este sutil toque de ciencia ficción sobre la bioética y la manipulación genética sirve a Giulio Questi para retratar los deseos, frustraciones y perversiones del hombre moderno, solo movido por el lucro y la satisfacción personal, y hacer una crítica a la sociedad de consumo y la sobreproducción predominante en unos años de boom económico en Italia.

El misterio gira alrededor de un mezquino ménage à trois de la clase burguesa, a quien Questi, a la manera grotesca de Luis Buñuel, caricaturiza. Marco (Jean-Louis Trintignant), de buen ver, es un intelectual fracasado y paranoico hombre de negocios aficionado en su tiempo libre a los juegos sexuales y sádicos con prostitutas, a quienes mata en moteles de la costa romana; un pelele en manos de su decadente, todopoderosa y posesiva esposa, empresaria avícola y propietaria de la granja, Anna (Gina Lollobrigida, con cuarenta y un años, impuesta por la productora y perfecta, según reconoció después el director, para otorgar un aspecto kitsch a la película). El tercer vértice es la guapa y lolitesca Gabrielle (la sueca Ewa Aulin, con solo dieciocho años), prima y asistente personal de la mujer y, al mismo tiempo, lujuriosa y diabólica amante de Marco.


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La Morte ha Fatto l’Uovo destaca por su efectista aspecto visual y sus hechuras insólitas y transgresoras, casi lisérgicas, que parecen ajustarse al diseño de la viñeta. Questi apuesta por una ambientación futurista vintage y una arquitectura fría y minimalista adecuadamente fotografiada en multicolor por Dario Di Palma. De ritmo lento, el montaje es sincopado. La sesentera música del insigne compositor Bruno Maderna, de sonidos cacofónicos y disonantes, ayuda a potenciar la perturbadora sensación de inquietud y extrañeza de la bizarra, hasta en el título, La Morte ha Fatto l’Uovo. Esta célebre y evocadora cita del crítico Craig Ledbetter, hablando sobre la cinta, podría resumir perfectamente su estilo: «… como un Godard al que se le ha encargado un thriller después de suministrarle LSD».

El resultado es uno de los gialli más heterodoxos, revolucionarios y curiosos, uno de variante psicoanalítica dentro de cierto contexto político y social y separado de la habitual sanguinolencia, oscuridad y sordidez que el género, ya confirmado, mostraría posteriormente. Definitivamente, la del genuino y lúcido Questi –en estrecha colaboración con Franco Arcalli– es una película de culto apta para mirones del cine psicotrónico italiano y, especialmente, del pre-giallo realizado a finales de los años sesenta, en cuya categoría podría entrar, además de los filmes reseñados anteriormente, Con el Corazón en la Garganta (1967), la cinta policiaca y de estética pop de Tinto Brass, con una banda sonora fabulosa y cuyas similitudes con Dos Menos Uno, Tres empiezan por el elenco actoral.


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«No es necesario ser un cineasta para tener un ojo atento que muestra y revela. La ficción breve nada tiene que ver, aunque eso sí, lo confieso, mis ojos son de alta definición, con muchos píxeles que exaltan los detalles»

Giulio Questi