LA MUJER DEL LAGO


La Donna del Lago

Italia, 1965. 95 min. B/N

Dirección: LUIGI BAZZONI, FRANCO ROSSELLINI. Guión: Luigi Bazzoni, Giulio Questi, Franco Rossellini, Renzo Rossellini (Novela: Giovanni Comisso)Música: Renzo Rossellini. Fotografía: Leonida Barboni. Intérpretes: Peter Baldwin, Salvo Randone, Valentina Cortese, Pia Lindström, Pier Giovanni Anchisi, Ennio Balbo, Philippe Leroy, Virna Lisi, Anna-Maria Gherardi.


Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

(Llagas de Amor-Sonetos de Amor Oscuro. Lorca)


Jóvenes, entusiastas y refinados culturalmente, los debutantes Luigi Bazzoni y Franco Rossellini rodaron conjuntamente La Donna del Lago, una rara avis que mezcla thriller atmosférico y pesadilla literaria. Luigi Bazzoni, licenciado en arquitectura y experto en arte, fue hermano del director de cine y fotografía Camillo Bazzoni y primo del prestigioso, también cinefotógrafo, Vittorio Storaro (Apocalypse Now, The Last Emperor). Prematuramente engullido por un contexto adverso como los protagonistas de sus filmes, poco conocido o injustamente olvidado, Bazzoni sólo realizó cinco largometrajes, algunos de ellos, como La Donna del Lago y Le Orme, personalísimos y de sumo interés. Por su parte, Franco Rosselini, hijo del músico Renzo Rossellini (aquí coguionista y autor de la banda sonora) y sobrino del legendario Roberto Rosselini, únicamente dirigió esta cinta y trabajó de actor, dedicándose después a producir películas de Fellini y, especialmente, de Pasolini.



La Donna del Lago está basada en una novela de Giovanni Comisso, inspirada a su vez en los crímenes de Alleghe (los Dolomitas) acontecidos en los años treinta. En el guión participó el ecléctico Giulio Questi (director de La Morte ha Fatto L’uovo, otro pre-giallo). La película presenta a Bernard (el norteamericano Peter Baldwin), un escritor en crisis que regresa a un pueblo costero atraído por el recuerdo de una hermosa mujer: Tilde (la rubia y etérea Virna Lisi), que trabajaba como camarera en el hotel regentado por el Sr. Enrico (Salvo Randone) y su hija Irma (Valentina Cortese, actriz de Bava en La Ragazza che Sapeva Troppo). Pronto conoce que Tilde murió misteriosamente tiempo atrás, apareciendo su cuerpo en el lago. Oficialmente fue un suicidio. Entonces el escéptico forastero, ayudado por un fotógrafo jorobado, comienza su propia investigación para averiguar lo sucedido, la cual se enturbia aún más con la aparición de Mario (Philippe Leroy), hijo de Enrico, y su extraña nueva mujer Adriana (Pia Lindström, hija de Ingrid Bergman –actriz que mantuvo un romance adúltero con Roberto Rossellini–). Cuando al final descubre la trágica verdad, oculta bajo el manto de la omertá y difícil de comprender y aceptar, Bernard constata la abyección humana y el vacío, resultando ya demasiado tarde para cualquier enmienda.

El antihéroe se mueve por el impulso de reencontrarse con Tilde, de la que está secretamente enamorado, esperando recuperar un pasado idealizado, recordado como más feliz. El filme, hecho de gestos, miradas, silencios, presagios y del omnipresente silbido del viento, se desarrolla básicamente en la mente de Bernard que, escritor de profesión, esto es precisamente lo que hace: (re)escribir la historia a medida que se desarrollan los acontecimientos, superado por ellos. De sentido nihilista, La Donna del Lago adopta la perspectiva masculina para hablar, más que de la impotencia o la tristeza amorosa, de la imposibilidad y la desilusión –romántica y existencial–, abordando otros temas como la culpa, la soledad y la fuerza creativa de la fantasía. Al tiempo retrata la hipocresía y las miserias morales que se esconden tras la fachada de personajes socialmente «respetables», en realidad asesinos y seres decadentes.



Recogiendo influencias del cine negro y del Hitchcock voyeur y necrófilo y, no obstante, con óptica de autor y apariencia de filme europeo de «prestigio» (Antonioni, Resnais, incluso Bergman), La Donna del Lago es considerada por muchos –erróneamente– un giallo, subgénero hiperbólico y genuinamente italiano que eclosionará cinco años más tarde gracias a Argento. Si bien podría considerarse un precedente por contener algunos estilemas –motor sexual, armas blancas, asesino anónimo– estos se presentan vagamente o de forma sugerida (Bazzoni sí que firmó un fantástico giallo canónico: Giornata Nera per L’ariete, interpretado por Franco Nero). La pareja Bazzoni-Rossellini trasciende al «género» y apuesta decididamente por la sobriedad y el tono intelectual, el cual supera, sin edulcorarla, la sordidez de la «crónica negra» de base.

Pero lo que hace que La Donna del Lago sea especial es la atmósfera: fantasmagórica e invernal, neblinosa y opaca en sus diversas hipótesis y trastornos internos de Bernard. Los interiores sombríos del hotel y los paisajes fríos, apagados y melancólicos del exterior (las calles desiertas, la orilla del lago) actúan como correlato emocional de los neuróticos personajes. La espléndida fotografía en blanco y negro de Leonida Barboni, cruda, densa y con destellos de luz cegadora cuando representa las visiones de Bernard, amplifica la sensación de enigma, desesperación y pesadilla. La perfección en los encuadres y las composiciones denotan la formación arquitectónica de Bazzoni (más evidente en Giornata Nera per L’ariete y Le Orme), a la vez que remite a ciertas películas de Antonioni (Il Grido, L’avventura, L’eclisse) –que igualmente exploran la desdicha amorosa en clave metafísica–. El ritmo es calmo pero apropiado para generar suspense. De narrativa poco convencional, el filme emplea el flashback y la voz en off del protagonista (como el mejor cine negro y Resnais). La suave e inquietante música está compuesta por el padre de Franco Rossellini, el veterano Renzo Rossellini, cuya partitura, en ocasiones, recuerda al Bernard Herrmann hitchcockiano.



Película ambigua, sutil, introspectiva, agonizante, de textura onírica y pesimista; necesariamente inmadura pero fascinadora y de gran poder de penetración emocional, elegante y admirablemente peculiar. La Donna del Lago, joya recóndita del cine europeo de los años sesenta. Luigi Bazzoni, una década más tarde, realizó una variante de mirada femenina, la mencionada y asimismo apasionante Le Orme (Huellas de Pisadas en la Luna), protagonizada por la esquizofrénica Florinda Bolkan y con cameo incluido del demente Klaus Kinski.