HUELLAS DE PISADAS EN LA LUNA


Le Orme

Italia, 1975. 96 min. C

Dirección: LUIGI BAZZONI. Guión: Luigi Bazzoni, Mario Fanelli (Novela: Mario Fanelli). Música: Nicola Piovani. Fotografía: Vittorio Storaro. Intérpretes: Florinda Bolkan, Peter McEnery, Nicoletta Elmi, Caterina Boratto, John Karlsen, Esmeralda Ruspoli, Ida Galli, Miriam Acevedo, Rosita Torosh, Luigi Antonio Guerra, Klaus Kinski, Lila Kedrova.


Eso es sólo la luz
Es sólo una imagen de ella
Es sólo un truco de la luz

(A Trick of the Light – The Triffids)


Director y guionista de gran interés, el desconocido Luigi Bazzoni (Parma, 1929-2012), que era hermano mayor del también cineasta y director de fotografía Camillo Bazzoni y primo del prestigioso Vittorio Storaro (Apocalypse Now, Novecento, El Último Emperador), sólo realizó cinco largometrajes, además de algunos cortos, reconvirtiéndose en arquitecto posteriormente. Sin embargo, –y nunca mejor dicho–, ha dejado «huella» gracias a su particular estilo y capacidad poco común de trascender al género.

Al margen de un par de spaguetti westerns, la obra del italiano Bazzoni incluye tres fascinantes filmes que juegan con los lindes del giallo, si bien desde una óptica de autor y más psicoanalítica: La Mujer del Lago (1965), el cual recoge influjos de Hitchcock, Antonioni, Resnais y el cine negroEl Día Negro (1971), un noir de dimensión metafísica; y Huellas de Pisadas en la Luna (1975). Esta magnífica trilogía apócrifa, muy pesimista y depresiva, se caracteriza por presentar unos antihéroes frágiles (Peter Baldwin, Franco Nero y Florinda Bolkan), en invariable estado de desilusión vital y arrinconados por un contexto que les oprime.


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La protagonista de Huellas de Pisadas en la Luna, Alice Campos, es una mujer portuguesa que reside en un elegante apartamento de Roma y trabaja como traductora en un centro de investigación astrofísica. Alice vive atormentada por una escena de una ¿película? que vio de niña en la que un astronauta era abandonado en la luna a causa de un misterioso experimento. En cualquier caso, al llamarse la mujer Alice, parece predestinada a entrar en algún País de las Maravillas, o de los Monstruos. El acceso es Garma, una enigmática localidad marítima de aspecto árabe que al parecer ha visitado durante los últimos tres días, aunque debido a una amnesia no recuerda nada. Por ello, Alice (¿o Nicole?) decidirá regresar a dicho lugar para intentar averiguar su pasado reciente.

Huellas de Pisadas en la Luna, rodada en la hermosa ciudad de Phaselis (Turquía), está basada en una novela del escritor Mario Fenelli titulada «Las Huellas». Son las huellas metafóricas que Alice Campos sigue en su intento de encontrar la parte de su propio ser que se le escapa, aún a riesgo de hallar el horror verdadero o perderse definitivamente en un laberinto de indicios que conduce al monstruo que habita en nosotros mismos.


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Huellas de Pisadas en la Luna implica al espectador en una especie turbia de thriller psicológico manteniendo dos hipótesis: la primera sostiene que Alice es esquizofrénica y confunde la realidad con la ficción y el pasado con el presente; la segunda, que existe una conspiración persecutoria contra ella orquestada por una agencia secreta liderada por el científico Blackman. La guapa actriz Florinda Bolkan, que con Lucio Fulci fue Una Lagartija con Piel de Mujer, encarna aquí admirablemente a Alice Campos, transmitiendo angustia mediante una serenidad que hace dudar de su locura. Por su parte, el excéntrico Klaus Kinski, en un virtual cameo de apenas cinco minutos, interpreta a Blackman, el fanático mad doctor. La niña pelirroja Nicoletta Elmi, fetiche del terror italiano de la época, da vida a la amenazante Paula.

Luigi Bazzoni explora la paranoia femenina sensible y personal, aproximándose inconscientemente al universo de Roman Polanski (en concreto a El Quimérico Inquilino y su trilogía de los apartamentos), que encontró su otra expresión en el maravilloso psico-giallo alucinatorio Il Profumo della Signora in Nero (1974), de Franco Barilli. De esta forma, la película proyecta temas como la alienación, la frustración, el temor a la locura y el desdoblamiento de la identidad, reflejando el peligro psicológico que se cierne sobre una mujer sola en una sociedad fría, moderna, deshumanizada y hostil.


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El mayor interés de Huellas de Pisadas en la Luna reside en el apartado visual y estético. En este sentido cabe destacar la sutil brillantez con la que el arquitecto Bazzoni recrea los espacios, que aparecen vacíos y desolados, provistos de gran poder de penetración emocional y congelados por una cámara que prefiere el plano largo y la composición simétrica. A todo ello contribuye la espléndida fotografía de colores apagados en crema y sepia de Vittorio Storaro (primo del director), la cual posee una textura similar a las películas de ciencia ficción soviética. En cuanto a la banda sonora de Nicola Piovani, que igualmente reviste gran importancia en el conjunto, ésta opta por melodías lánguidas y dulcemente inquietantes que casan perfectamente con el tono del filme.

Con todo, el parmesano Luigi Bazzoni nos ofrece una cinta «de atmósfera» más que «de trama», una atmósfera que deviene rara, onírica y bellamente melancólica. Le Orme es una pieza sobria tan ambigua como precisa, de ritmo calmo y espíritu de culto. Cine mental, psicoanalítico y estetizante, gélido como el mármol. En suma, lunar.


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