QUIMÉRICO INQUILINO, EL
Le Locataire
Francia, 1976. 126 min. C
Dirección: ROMAN POLANSKI. Guion: Roman Polanski, Gérard Brach (Novela: Roland Topor). Música: Philippe Sarde. Fotografía: Sven Nykvist. Intérpretes: Roman Polanski, Isabelle Adjani, Melvyn Douglas, Shelley Winters, Jo Van Fleet, Bernard Fresson, Lila Kedrova, Claude Dauphin, Claude Piéplum, Rufus.
«En París, a uno siempre le recuerdan que es extranjero. Si estacionas mal tu coche, no es el hecho de que esté en la vereda lo que importa, sino el hecho de que hables con acento»
Roman Rajmund Thierry Polański, nacido en París en 1933 en el seno de un matrimonio de emigrantes judíos polacos, pero educado en Polonia, es uno de los grandes directores surgidos al amparo de los nuevos cines europeos de mediados del siglo XX, aún vivo y en activo. Después de estudiar en la prestigiosa Escuela de Cine de Łódź y de rodar varios cortometrajes (1957-1962), Polanski, con sólo 29 años, realizó su ópera prima El Cuchillo en el Agua, cuyo éxito en el Festival de Cine de Venecia lo encumbró como un cineasta de talento excepcional. Posteriormente, ya afincado en Occidente, continuó haciendo grandes películas transitando hábilmente entre géneros −terror, comedia, aventuras, thriller, drama histórico− y consolidando su prestigio internacional.
Dos acontecimientos han marcado la vida del controvertido director franco-polaco, tanto a nivel personal como cinematográfico. En 1969, tras rodar La Semilla del Diablo, su mujer, la actriz Sharon Tate, embarazada de ocho meses, fue salvajemente asesinada por Charles Manson y su banda en la mansión de Los Ángeles que el cineasta había comprado. Años más tarde, tras rodar en París uno de sus filmes más perturbadores, El Quimérico Inquilino (1976), fue acusado en Estados Unidos por supuestamente haber drogado y violado a una niña de trece años. Polanski huyó del país mientras estaba en libertad bajo fianza.
El Quimérico Inquilino (The Tenant) es una adaptación libre de Le Locataire Chimérique (1964), una novela del escritor, ilustrador, dibujante, pintor y cineasta francés, también de origen judío-polaco, Roland Topor (París, 1938-1997), fundador en 1963, junto a Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal, del Groupe Panique (cuyo nombre rememora al dios Pan de la mitología clásica), un movimiento artístico de tendencias surrealistas que postulaba la locura controlada como supervivencia ante una sociedad terminal: «Es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la seriedad, es el canto a la falta de ambigüedad… Es el arte de vivir, es el principio de indeterminación con la memoria de por medio… Y todo lo contrario» (Fernando Arrabal).
A partir del libro de Topor, en palabras de John Collier «una historia de terror realmente actual, tan estrechamente enrollada sobre sí misma, tan fría, sigilosa y mortal, como una serpiente en la cama», Roman Polanski construye una película extraña y desapasionada que disecciona la metamorfosis pánica, los avatares de la paranoia y el puro terror. El Quimérico Inquilino compone junto a Repulsión y La Semilla del Diablo su apócrifa trilogía de los apartamentos, la cual retrata el aislamiento del individuo en una ciudad moderna que le es ajena (una joven belga en Londres, una chica del Midwest rural en Nueva York y un polaco en París) y su lucha clandestina contra la apabullante máquina social, que le oprime hasta empujarle a la desesperación y el suicidio.
El Quimérico Inquilino, de claras referencias autobiográficas y con elementos prestados de La Metamorfosis de Franz Kafka, presenta al propio Polanski interpretando al solitario y tímido Trelkovsky, un forastero de procedencia polaca recién mudado al apartamento de un sórdido edificio parisino desde cuya ventana se ha tirado la anterior arrendataria, la joven Simone Choule. Tras visitarla en el hospital –donde conoce a Stella (Isabelle Adjani), una amiga de Simone– y verla morir en su presencia, su dominio de la realidad se debilita. La suicida Simone se va convirtiendo, progresivamente, en la inquilina de su mente, haciendo suyos sus demonios autodestructivos y viéndose atrapado en lo que parece un maléfico complot perpetrado por una comunidad de vecinos poblada de personajes excéntricos y grotescos (encarnados por grandes actores como Melvyn Douglas y Jo Van Fleet) que lo ven como un invasor y representan el control social totalitario.
La película comienza con un planteamiento social sobre la compleja búsqueda de una vivienda de alquiler en París, pero pronto se transforma en la crónica de una pesadilla claustrofóbica cuyo agobio va en aumento hasta sólo quedar paranoia, esquizofrenia y al pobre infeliz Trelkovsky travestido de mujer con peluca y la ropa de su otro «yo». Usando un gran decorado interior al estilo de Hitchcock en La Ventana Indiscreta y con un sentido del pesimismo profundamente polaco, Polanski cultiva el gusto por los espacios cerrados, las situaciones insólitas y el voyeurismo, La hiperrealista fotografía, entre decadente y melancólica, corre a cargo del prestigioso Sven Nykvist (conocido por sus trabajos con Bergman). La banda sonora, intrigante, está compuesta por Philippe Sarde.
El Quimérico Inquilino podría ser la mejor –y más personal– película de Roman Polanski, aunque seguramente también la más incomprendida. Una obra ambigua, electrizante y de sádico humor negro que construye una realidad nociva a través de los espejismos de la mente. Un filme sobre la pérdida de la identidad que tiende al culto ad maiorem Polanski gloriam.
«¡Todos somos esquizos!, ¡todos somos perversos! Todos somos Libidos demasiado viscosas o demasiado fluidas… y no por propio gusto, sino porque allí nos han llevado los flujos desterritorializados»



