LA NOCHE DEL CAZADOR


The Night of the Hunter

Estados Unidos, 1955. 93 min. B/N

Director: CHARLES LAUGHTON. Guión: James Agee (Novela: David Grubb). Música: Walter Schumann. Fotografía: Stanley Cortez. Intérpretes: Robert Mitchum, Billy Chapin, Sally Ann Bruce, Shelley Winters, Lillian Gish, Peter Graves, Evelyn Varden, James Gleason.


“El viento sopla y la lluvia es fría, los niños son duros, saben aguantar.
Los niños lo soportan todo“

(Rachel Cooper/Lillian Gish)


La profunda West Virginia, años treinta, en la sombría época de la Depresión. Ben Harper (Peter Graves) roba un banco y esconde el botín dentro una muñeca, que la confía bajo promesa a sus  hijos pequeños John (Billy Chapin) y Pearl (Sally Ann Bruce) antes de ser detenido. Esperando su ejecución, comparte celda con Harry Powell (Robert Mitchum), un fanático religioso de mente enferma que oye en sueños la historia. Cuando Powell obtiene la libertad, obsesionado por apoderarse del botín, va al pueblo de los Harper, corteja a su viuda Willa (Shelley Winters) y se casa con ella. Tras asesinarla, los niños John y Pearl serán su único obstáculo, que huyen río abajo con el dinero. Comienza así una persecución terrorífica, que cautiva sin descanso por la fuerza de sus imágenes y la potencia del relato.



“Desconfiad de los falsos profetas que se cubren con pieles de cordero pero que en su interior son fieros como lobos. Por sus frutos los conoceréis”. Con esta advertencia que una anciana lee a unos niños en medio de un cielo estrellado, comienza una de las películas más perturbadoras y fascinantes de la historia. Basada en la novela homónima del escritor Davis Grubb (1953), La Noche del Cazador es una fábula sobre la psicopatía y la fe cuya moral engarza con la protección de la infancia en un mundo adulto marcado por la hipocresía y la avaricia. Laughton, que decían que tenía fobia a los niños y que fue Mitchum quien diriió las escenas con ellos, proyecta la clásica confrontación del Bien contra el Mal y contrapone el amor con el odio, la luz con la oscuridad, la presa con el cazador y la inocencia con el pecado.

Robert Mitchum, en el papel de Harry Powell (ofrecido en un primer momento a Gary Cooper), interpreta con brillantez y total naturalidad a uno de los villanos más conseguidos, embaucadores y malvados del cine. El falso predicador Powell, lleno de capas psicológicas y con las palabras love y hate tatuadas en los nudillos, se dedica a asesinar, con su navaja automática, a mujeres que él considera impías, mientras recita pasajes de la Biblia. En el polo opuesto se encuentra la que fue musa del cine mudo, Lillian Gish, que encarna a la anciana Rachel y representa la bondad y la dulzura, protegiendo con coraje en su granja a los desamparados niños.


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El guión de La Noche del Cazador se asemeja a un siniestro cuento de hadas tipo “Hansel y Gretel”, donde no falta una promesa perversa, unos infantes aterrados, un ogro colérico y una hada madrina. Charles Laughton utilizó estilizadas formas estéticas y elementos de carácter onírico y alegórico para transmutar la película en una inquietante y sugerente pesadilla, “una pesadilla de Mamá Ganso”, según sus propias palabras. La cinta está repleta de momentos imborrables, como la “aparición” de Shelley Winters, asesinada y atrapada debajo del pantano, o el de los niños descendiendo en barca durante la noche con primeros planos de la extraña fauna y flora.

Rodada en pulcro blanco y negro y provista de sombras expresionistasLa Noche del Cazador destaca por la exacerbada imaginería visual que destilan sus imágenes, obtenida gracias al muy creativo trabajo del  director de fotografía Stanley Cortez, que ya había colaborado con Orson Welles en El Cuarto Mandamiento, en complicidad con el director artístico Hilyard Brown, un virtuoso constructor de decorados que había ganado un Oscar a la Mejor Dirección de Arte para Cleopatra, de J. L. Mankiewicz.


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Cine negro, terror gótico y de pronto cine amable, lo insólito de La Noche del Cazador es que su tratamiento visual y lenguaje siguen la estela de la fantasía pero sin fantasía. La primera y última película como director del gran actor británico nacionalizado estadounidense Charles Laughton (1899-1962), vilipendiada en el momento de su estreno por el público y la crítica, está considerada actualmente una obra maestra absoluta, sin descendencia conocida.


Los cuentos de hadas no le proporcionan al niño su primera intuición de la existencia de los espectros.
Lo que le proporcionan por vez primera es la intuición clara de que es posible derrotarlos

(Gilbert K. Chesterton)