VIDEODROME


Videodrome

Canadá, 1983. 88 min. C

Director: DAVID CRONENBERG. Guión: David Cronenberg. Música: Howard Shore. Fotografía: Mark Irwin. Intérpretes: James Woods, Deborah Harry, Sonja Smits, Peter Dvorsky, Les Carlson, Jack Creley, Lynne Gorman.


“Y ahora que eres el mundo del vídeo hecho carne, ya sabes lo que debes hacer. Oponerte a Videodrome. Usarás las armas que te han dado para destruirles. Muerte a Videodrome. ¡Larga vida a la nueva carne!”

(Bianca O’Blivion/Sonja Smits)


Videodrome (1983), inicialmente bautizada como Network of Blood (Canal de Sangre), es el pivote de la obra de David Cronenberg (Toronto, 1943), sobre el que el autor tejerá las progresivas e inquietantes divagaciones de su tesis somática. Una pesadilla de discurso apocalíptico convertida en un título de auténtico culto, instigadora de la biomecánica cyberpunk y metáfora poética de la condición humana en la Era posindustrial, cuya influencia ha resultado decisiva en el trabajo de otros cineastas contemporáneos de corte visionario como Shinya Tsukamoto, director de Tetsuo: El Hombre de Hierro (1988), cinta fundamental del Techno-Orientalism, y el también escritor Clive Barker, para quien los miedos no provienen del alma, sino del propio cuerpo.

El tachado como «rey del terror venéreo» por el corpus temático y gráfico de sus primeras películas es el exponente programático de la Nueva Carne, un concepto pseudo-filosófico y estético caracterizado por su ambigüedad moral inherente, sin definición consensuada, e igualmente presente, con diferentes matices, en artistas torturados fin de siècle como el escultor H. R. Giger, el fotógrafo Joel-Peter Witkin o el ilustrador Charles Burns. La Nueva Carne viene en proclamar la unión del cuerpo (sufriente, caduco e inestable, mero receptáculo físico del alma) con materia inorgánica como medio para trascender a la naturaleza humana en busca de la inmortalidad o de una nueva conciencia, más evolucionada. Carne y tecnología. Enfermedad. Metamorfosis. Omnisexualidad y sexualidad neutra. Cavernoso. Rarefacto. La culminación de lo abyecto.



Según Cronenberg, la idea de Videodrome se originó cuando siendo niño se quedaba hasta tarde viendo la televisión y encontraba señales piratas que no se recibían correctamente, dando lugar a imágenes distorsionadas e inconexas que no sabía de donde venían y le causaban un gran misterio. Max Renn (que se relaciona con renaissance) es el protagonista álter ego del canadiense, interpretado genialmente por James Woods, un hombre de existencia mediocre y director de una cadena de televisión, Civic TV, que coincide en un programa-debate sobre la violencia sexual con Brian O’Blivion/Jack Creley (sólo visto a través de una pantalla), un profeta de los medios de masas (basado en Marshall McLuhan) que ha creado un canal muy potente que emite ondas catódicas y modifica el cuerpo de las personas. En el filme aparecen dos mujeres: la masoquista Nicki Brand/Deborah Harry (la carne, el sexo), con la que Max experimenta una sexualidad desconocida, y la ambivalente Bianca O’Blivion/Sonja Smits (el espíritu, el amor platónico), gran sacerdotisa del culto a su padre.

Envuelto en una conspiración oculta, Max Renn, un voyeur sin ética ni moral, es imbuido por el mundo Videodrome, que penetra en su cerebro, copula con él y le causa alucinaciones, concluyendo en una metástasis (desde entonces llamada «nueva carne»). Su realidad comienza a transformarse, a fundirse con la del vídeo, hasta el punto de crear en su abdomen un reproductor en forma de vagina succionadora y de ver su mano unida a una pistola-cyborg, formando una cosa nueva de naturaleza híbrida. Como dice Visual Mark: «Primeros ves vídeo. Luego llevas vídeo. Luego comes vídeo. Luego eres vídeo». O como apunta uno de los personajes: «Las visiones se convierten en carne». No pudiendo ya diferenciar lo que ocurre con lo que imagina, incapaz de superar esa fantasía sadomasoquista adictiva, su única salida es la autodestrucción. O quizás una nueva etapa de la evolución humana, el último escalón hacia una nueva forma de ser. Y es que el final de Max es ambiguo, como explica Cronenberg: «Me da la sensación de que, al final, Max consigue manipular esta nueva realidad en la que se encuentra para hallar de nuevo su propio equilibrio».



Agobiante y visceral, con increíbles efectos especiales de Rick Baker y llena de ideas fascinantes y elementos perturbadores, la obra maestra de Cronenberg sumerge al espectador en un universo que encuentra sus paralelos en la Interzona de William Burroughs, los Mitos de Chtulhu de H. P. Lovecraft y las realidades simuladas de Philip K. Dick. Videodrome medita sobre la perversidad polimorfa, los reinos subjetivos de la experiencia y la manipulación del espectador (y explotación de su cuerpo) por los medios de comunicación, encerrando en su seno un complejo análisis de redefinición del hombre moderno y el mundo sólo comprensible a nivel intuitivo. Para Cronenberg, la televisión hace del hombre un animal tecnológico, alienándolo del mundo físico. Según él, el sentido de la realidad es subjetivo (lo que es real es lo que se ve): «Nuestra percepción personal de la realidad es la única que aceptamos. Aunque te esté volviendo loco, sigue siendo tu realidad. Pero eso mismo, visto desde una perspectiva externa, es una persona (Max Renn) que se comporta como un loco». 

El tratamiento de lo fantástico que hace el director de Inseparables irriga las zonas de penumbra, la frontera existencial. La imagen (televisiva), al igual que su cine, es una enfermedad, un virus infectado de profundos temores (el cuerpo, la mutación, la muerte o el arte). Su reto es mirar la realidad desde una perspectiva diferente, no mirada por nadie, para mejor subvertirla. Declara Cronenberg: «No soy un entusiasta de la teoría del arte como terapia, pero creo que, en un nivel muy sincero, es cierto que todo artista intenta controlar la vida organizándola y dándole forma y recreándola. Porque sabe muy bien que la auténtica versión de la vida se escapa a su control. Es una de las principales razones por las que la gente crea: para tener algún control sobre el universo». Porque, para él, quien domina el lenguaje domina la realidad y quien domina la imagen detenta el poder.



«Les has hecho daño pero no los has destruido. La muerte no es el final. Tu cuerpo ha sufrido muchos cambios, pero sólo es el principio, el principio de la nueva carne. Tienes que llegar hasta el final. Transformación total. ¿Crees que estás preparado? Para convertirte en carne nueva primero tienes que matar la vieja. No temas. No temas dejar tu cuerpo morir. Ven conmigo, Max. Ven con Nicki. Ven. Yo te diré cómo. Es fácil”

(Nicki Brand/Deborah Harry)