EL SÉPTIMO SELLO


Det Sjunde Inseglet

Suecia, 1957. 96 min. B/N

Director: INGMAR BERGMAN. Guión: Ingmar Bergman. Música: Erik Nordgren. Fotografía: Gunnar Fischer. Intérpretes: Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Nils Poppe, Bibi Andersson, Bengt Ekerot, Gunnel Lindblom, Maud Hansson, Ake Fridell.


 “Para Bergman, Dios está muerto; por lo tanto, Dios está callado. Es decir, Dios nunca existió y el hombre está solo. Lógicamente esto genera una Náusea y una Angustia ante la Muerte porque hay algo en el hombre que clama pidiendo un sentido, un propósito y humanidad. La desesperación resultante, tal como lo ve Bergman, lleva a la auto-autentificación en una continua búsqueda de realidad”

(Donald J. Drew)


Suecia, siglo XIV. El Séptimo Sello es una parábola situada en la Edad Media que cuenta las andanzas del caballero Antonius Block (Max von Sydow) y su fiel escudero Jöns (Gunnar Björnstrand), que regresan fatigados a su tierra natal, azotada por la peste negra, tras largo tiempo en las sangrientas cruzadas. El afligido Block, ante el sufrimiento e intolerancia que halla, se cuestiona el poder de Dios y el significado de la vida. En la playa, se encuentra con la Muerte (Bengt Ekerot), a la que, ansioso por aclarar las dudas y liberarse de la angustia, le ruega una prórroga de vida. La Parca acepta jugar cada noche una partida de ajedrez, estando en juego, no sólo la vida del cruzado, sino también los sentimientos sobre la fe y la humanidad.

La esperanza surge de una Sagrada Familia alternativa: un alegre juglar, José (Nils Poppe), su sensual esposa, María (Bibi Andersson), y el hijo de ambos. Ellos hacen descubrir a Block que el significado que busca es el amor. Block salva a los tres personajes de la Muerte y se entrega a su momento concluyente uniéndose a la Danza de la Muerte.


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Ingmar Bergman  (Upsala, 1918-Fårö, 2007) fue hijo de un pastor luterano y creció en el seno de una familia rígida y muy religiosa que forjaba su moralidad bajo conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y redención. Dicha disciplina le sirvió como bálsamo para reflexionar sobre los conflictos de la condición humana y la idea de Dios. Si Buñuel y Bresson representan la presencia católica entre los grandes directores, Bergman representa la mirada protestante, con uno de los temas más intensos de su obra: el hombre, su eterna búsqueda de Dios y la muerte como única certeza.

El Séptimo Sello es una de las películas clave de Bergman y del cine europeo de autor. El título, que en un principio iba a ser “El Caballero y la Muerte”, está extraído de un pasaje del Apocalipsis de San Juan: “Cuando el cordero abrió el séptimo sello, un silencio invadió por cerca media hora el cielo. Entonces, vi siete ángeles delante de Dios, y a ellos, les fueron dadas siete trompetas”. Fue escrita por el mismo Bergman basándose en su pieza teatral “Trämalning” (“Pintura sobre Madera”), estrenada en 1954, con origen en las pinturas religiosas de Albertus Pictor (1480-1490) que se encuentran en la iglesia de Täby (Estocolmo), especialmente las que evocan las Cruzadas, las danzas mortuorias, el castigo de los pecadores en el Infierno y una que representa a la muerte jugando al ajedrez con un caballero.


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Bergman, que describe a la perfección las inquietudes de la época medieval, expresa sus angustias metafísicas a través del caballero Block, un hombre atormentado que necesita creer en Dios ante tanta crueldad, figura que contrapone con el ateo e irónico Jöns y, sobre todo, con la ambulante troupe de cómicos que se encuentran, los cuales gozan de la vida y buscan la redención a través de la diversión honesta. Es así como el director de Persona también celebra el amor físico, el arte, la comida, la bebida y la belleza del mundo, la única verdad que da sentido a nuestra existencia.

El Séptimo Sello cuenta con unos diálogos (a menudo monólogos) geniales, de gran precisión literaria y estrictamente existencialistas. La música, de Erik Nordgen, aporta una partitura compleja de instrumentos medievales y toma prestado un fragmento del himno “Dies Irae”. Destaca la fotografía expresionista en blanco y negro de Gunnar Fischer, que otorga imágenes icónicas y de gran poderío visual a medio camino entre los retablos que pueblan las catedrales, los grabados de Durero y las pinturas de Brueghel. Solemne y de belleza subyugante, bordeando lo humano con lo divino, nunca una obra cinematográfica ha reflejado con tanto rigor y sensibilidad artística los conflictos místicos del hombre y la religión como lo ha hecho El Séptimo Sello; seguramente Ordet-La Palabra, de Dreyer.


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EL CABALLERO: “¿Por qué no puedo yo matar a Dios en mí? ¿Por qué continúa Él viviendo en mí de una manera mansa, dolorosa y humillante, aunque yo le maldigo y quisiera expulsarlo de mi corazón? ¿Por qué a pesar de todo Él es una realidad aplastante, que no me puedo quitar de encima? ¿Me entiendes?”

LA MUERTE: “Sí, te entiendo”

EL CABALLERO: “Quiero saber, quiero creer, no suposiciones, sino saber. Quiero que Dios me tienda la mano, mes desvele su rostro y me hable”

LA MUERTE: “Pero Él permanece callado”

EL CABALLERO: “Clamo en la oscuridad, pero no parece haber nadie allí”

LA MUERTE: “Quizás no hay nadie allí”

EL CABALLERO: “Entonces la vida es un horror atroz. Nadie puede vivir abocado a la muerte, sabiendo que no hay nada”

LA MUERTE: “La mayor parte de los hombres no piensan ni en la muerte, ni en la nada”