ERIZO EN LA NIEBLA (C)


Yozhik v Tumane

URSS, 1975. 11 min. C. Cortometraje

Dirección: YURIY NORSHTEYN. Guión: Sergei Kozlov (Libro: Sergei Kozlov). Música: Mikhail Meerovich. Fotografía: Aleksandr Zhukovskiy.


«Este es un mundo donde las cosas bellas y terribles pasarán. No temas»

(Frederick Buechner)


Basado en una novela homónima de Sergei G. Kozlov y con un guión adaptado por él mismo, Erizo en la Niebla narra (por medio de la voz de Alexei Batalov) la historia de un pequeño y tímido erizo (Maria Vinogradova) y su mejor amigo, una cría de oso (Vyacheslav Nevinniy). Como cada anochecer, ambos han quedado para tomar té hecho en samovar (la icónica tetera rusa) al calor de ramas de enebro y después sentarse juntos en un tronquito para contar las estrellas del cielo. En esta ocasión el erizo decide llevar a su amigo un tarro de mermelada de frambuesa, el sabor preferido del osezno. Pero de camino, en el frondoso bosque, mientras va pensado en la conversación que tendrán, ve un resplandeciente y hermoso caballo blanco pastando en medio de una espesa niebla que todo lo cubre. Intrigado por saber cómo es vivir dentro de la niebla y si el caballo podría respirar bajo ella al dormir, el erizo decide adentrarse.



Este breve y conmovedor cortometraje animado del soviético Yuriy Norshteyn realizado en estrecha colaboración con su esposa Francesca Yarbusova y producido en 1975 por el prestigioso estudio Soyuzmultfilm de Moscú fue escogido en el año 2003, en Tokio, como la mejor película de animación de todos los tiempos. Si bien otras obras como Die Abenteuer des Prinzen Achmed, Sen Noci Svatojanske, Baron PrásilHotaru no Haka e incluso KrysarMoznosti Dialogu podrían competirle dicho honor, su elección no resulta exagerada después de apreciar su exquisito sentido poético y enorme belleza oscura. Por si fuera poco, otro corto de Norshteyn, Cuento de Cuentos (Skazka Skazok), estrenado en 1979, fue seleccionado en segunda posición (y otros años, en 1984 y 2002, en primera).

En apariencia un cuento infantil engañosamente simple, pero de evidente cariz existencial y metafórico, Erizo en la Niebla se abre a varias moralejas. La entrañable figura del erizo (que desde el año 2009 tiene una estatua dedicada en el centro de Kiev), con la misma curiosa inocencia y los mismos anhelos y temores de un niño dispuesto a explorar por primera vez el mundo, penetra más y más a través de la niebla, se pierde en ella y luego vuelve a salir. En el tránsito, en el que halla todo tipo de contratiempos, descubre un mundo desconocido y misterioso donde habitan tanto criaturas hostiles (un búho al que llama «chiflado», un murciélago que chilla y polillas) como otras más amigables que le prestan ayuda (un perro que recupera su canasto con la mermelada, una luciérnaga que ilumina el camino y un «algo» impersonal que le habla y le salva de morir ahogado en el río cuando ya ha aceptado su fatal destino).



El viaje iniciático y de maduración del Ericito guarda cierta similitud con el del guía en Stalker, el filme de Tarkovsky realizado tres años después (algo que no es de extrañar dada la estrecha relación también existente entre Cuento de Cuentos y El Espejo). Si en aquella era la Zona ese lugar milagroso donde se cumplían los deseos más íntimos del hombre, aquí es la niebla (otra especie de Zona) la que hace aflorar el palpitar vital del animal. Erizo en la Niebla viene a ser una alegoría sobre el misterio de la vida y la búsqueda de la belleza, en este caso simbolizada por el insolidario y poco complaciente caballo blanco. Un viaje por la vida, tan hermoso como aterrador, en el que para llegar a algún lugar a veces tienes que abandonar el confort y armarte de coraje, precisamente para terminar en el mismo lugar, pero habiendo visto un mundo completamente nuevo en el camino y así poder mirar con nuevos ojos aquello que siempre permanece inalterable (idea que remite a Angelopoulos y, en especial, a La Mirada de Ulises).

La expresión final del pequeño erizo, para quien ya nada será igual, ensimismado y ajeno a las preocupaciones simples de su amigo el osezno –cuyo carácter conservador es opuesto al suyo, más de iniciativa aunque igual de temeroso–, refleja esa fascinación por haber asistido al espectáculo de la vida. Reunidos otra vez, pudiendo volver a beber té en samovar y contar las innumerables estrellas del cielo, el erizo piensa lo maravilloso que es, a pesar de todo, estar de nuevo juntos… al tiempo que recuerda al caballo blanco y se pregunta: «¿Cómo estará allá en la niebla?»



Erizo en la Niebla bebe de la mejor tradición de la animación rusa y de los países del Este bajo influencia soviética y hace gala de una atmósfera de cuento mágico y dulcemente añejo que solo sus maestros-autores han sido capaces de crear, en las antípodas de la orgía de gráficos generados por computadoras en la modernidad. Norshteyn, autor de solo seis obras y conocido como el Caracol de Oro por la lentitud en completar sus películas debido al detalle increíblemente minucioso con el que trabaja (en 1986 fue despedido de Souyzmultfilm por dicho motivo), tardó dos años en crear once minutos de corto. En esta ocasión, Norshteyn basó la animación, principalmente, en una técnica de stop-motion artesanal y muy laboriosa, como es el uso de placas de vidrio superpuestas, para conferir una extraordinaria sensación de profundidad y un efecto envolvente que te transporta directamente al territorio de los sueños y la fantasía.

En su inocencia y su paleta otoñal y de colores sombríos Erizo en la Niebla aparece como una oda a lo apagado y melancólico, expresión de emociones sutiles y de nostalgia por la infancia misma. Tal y como admitió el maestro de la animación soviético, el corto está fuertemente influido, en forma y estructura, por la sencillez y a la vez complejidad de las artes japonesas (poesía, pintura, grabados) y todo su pensamiento y filosofía profunda. Y es que Erizo en la Niebla es una absoluta maravilla preocupada por las cualidades realmente sobresalientes de una película, como la compasión y el conocimiento de la vida, en lugar de efectos especiales en 3D y de la mera e inservible pirotecnia de muchos productos actuales. Una vez, Yuriy Norshteyn describió sucintamente y de manera muy bonita su filosofía sobre el arte: «El trabajo de un artista debe permitir que las personas experimenten la vida sin vivir. Esto es lo más significativo que podemos obtener del arte».



«Una de mis películas favoritas»

(Hayao Miyazaki)