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HORRIBLE SECRETO DEL DR. HICHCOCK, EL


L’orribile Segreto del Dr. Hichcock

Italia, 1962. 88 min. C

Director: RICCARDO FREDA. Guion: Ernesto Gastaldi. Música: Roman Vlad. Fotografía: Raffaele Masciocchi. Intérpretes: Barbara Steele, Robert Flemyng, Silvano Tranquilli, Maria Teresa Vianello, Harriet Medin, Spencer Williams.


Que procedas del cielo o del infierno, qué importa.
¡Oh, Belleza! ¡Monstruo enorme, horroroso, ingenuo!
Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta
de un infinito que amo y jamás he conocido

Himno a la Belleza. Charles Baudelaire


Londres, año 1885. El perverso Dr. Bernard Hichcock (Richard Flemyng), un reputado cirujano de la alta sociedad que lleva una vida aparentemente cómoda, esconde un secreto que comparte con su criada Martha (Harriet Medin) y su esposa Margaretha (Maria Teresa Vianello): la necrofilia. Para saciarla, en uno de sus juegos eróticos, narcotiza a su mujer hasta provocarle un estado cataléptico y, sin querer, la muerte. Hichcock la entierra en una cripta. Mortificado por el sentimiento de culpa abandona la mansión familiar, regresando doce años después con su nueva y joven esposa, Cynthia (Barbara Steele), quien no conoce el pasado ni los vicios de su marido. En la mansión, sin embargo, espera la «presencia» de Margaretha, cuyo retrato preside el salón principal y avasalla con su recuerdo a la recién llegada.


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Hablar de la edad de oro del cine de terror italiano, allá por los años sesenta, es hablar de Riccardo Freda y Mario Bava. En concreto, el gotico all’italiana, aunque cercano en tiempo y forma a los mayores éxitos de Roger Corman y la Hammer, se mantuvo fiel a su exacerbada morbidez y sus personales efluvios argumentales y estéticos. L’orribile Segreto del Dr. Hichcock (Hitchcock sin la «t» para evitar problemas legales con el maestro del suspense) es el summum de esa corriente junto a La Frusta e Il Corpo. La película fue firmada por Robert Hampton, nom de guerre de Riccardo Freda, seis años después de realizar la seminal I Vampiri, finalizada por M. Bava.

La obra de Freda dedicada al gótico es un condensado de los estilemas del género: temática negra, naturaleza morbosa y desapego con el horror de fisiología monstruosa (vampiros, zombis), más propio del cine foráneo. En L’orribile Segreto del Dr. Hichcock el horror y lo monstruoso no reside en el abismo o las tinieblas, sino en el interior del ser humano, que encerrado en su naturaleza abyecta oculta lúgubres secretos y terribles pasiones. El filme no admite, como en A. Hitchcock (Psicosis) y M. Powell (Peeping Tom), coartada psicoanalítica ni sociológica. L’orribile Segreto del Dr. Hichcock sólo es una radiografía claustrofóbica del amor fou y la maldad irracional del Dr. Bernard Hichcock, un sentimiento que se expande por el espacio que le rodea.



Rodada en tres semanas con un presupuesto escueto, la cinta se basa en un guion de Ernesto Gastaldi –cultivador de spaguetti westernsgóticosgialli polizieschi– afín al espíritu de Edgar Allan Poe. Tampoco faltan guiños a Alfred Hitchcock: no sólo en el apellido del galeno, sino también a algunas de sus películas (VértigoRebecaAtormentada, Sospecha). Gatos negros, villas malditas, criptas sombrías, cementerios brumosos y noches perpetuas se funden con obsesiones clínicas, delirios fetichistas, amores de ultratumba y sentimiento trágico, creándose una atmósfera malsana y de lirismo mortuorio. El autor, alejado de la sanguinolencia y más preocupado en sugerir que en mostrar, juega con el misterio y la ambivalencia, calidades que se refuerzan con la presencia de Barbara Steele en el papel de víctima inocente (verdugo en Lo Spettro).

Aparte de su enfoque moderno en cuanto al origen del mal (el alma humana), L’orribile Segreto del Dr. Hichcock sobresale por sus logros estéticos, su puesta en escena y el sentido pictórico y casi operístico con que su director visualiza cada secuencia y plano. La composición lumínica y el fuerte cromatismo responden a un efecto poético destinado a potenciar el hipnotismo y la inquietud. Muy logrado está el tratamiento del espacio y decorado, los cuales definen la psique enferma y atormentada del siniestro Dr. Hichcock «un monstruo de perfidia y maldad», en palabras de Freda, destacando especialmente el salón sellado donde el Dr. se entrega a sus pasiones. Como curiosidad, la mansión del Dr. Hichcock que aparece en el filme se llama Villa Peruchetti, ubicada cerca de Roma y actualmente la Embajada de Bulgaria en Italia.



El Horrible Secreto de Dr. Hichcock es un perfecto paradigma del peculiar cine gótico italiano. Una película que, junto a La Maschera del Demonio (1960) y La Frusta e il Corpo (1963), ambas dirigidas por Mario Bava, bien podría ayudar a conformar la Santísima Trinidad del torturado género y cuya brillantez haría palidecer a muchas películas de terror de los últimos treinta años.


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ETERNIDAD Y UN DÍA, LA


Mia Aioniotita kai mia Mera 

Grecia, Francia, Italia, 1998. 130 min. C

Director: THEO ANGELOPOULOS. Guión: Theo Angelopoulos, Tonino Guerra, Petros Markaris, Giorgio Silvagni. Música: Eleni Karaindrou. Fotografía: Yorgos Arvanitis, Andreas Sinanos. Intérpretes: Bruno Ganz, Isabelle Renauld, Fabrizio Bentivoglio, Achilleas Skevis, Alexandra Ladikou, Despina Bebedeli, Eleni Gerasimdou, Iris Atziantoniou, Nikos Kouros, Alekos Udinotis, Nikos Kolovos, Mihalis Yanatos.


 «Una vez te pregunté: ¿Cuánto dura el mañana?
Y me respondiste: La eternidad y un día»


Thódoros Angelópoulos (Atenas, 1935-2012), emparentado estéticamente con Tarkovsky y afín a la reescritura en clave lírica de la Historia de Europa (como Manoel de Oliveira, Béla Tarr o Alexandr Sokurov), ha sido uno de los últimos «metafísicos» o «espirituales» del cine contemporáneo. Tachado a veces de pretencioso o falsamente trascendental por cierto sector, a Angelopoulos no se le puede negar la abrumadora coherencia estilística y cultural que atesora su filmografía, donde su pretensión ética corre paralela a su devastadora belleza, siempre pregnada de largos y originales planos-secuencia que encierran metáforas espacio-temporales. Mostrando un sentido melancólico de la capacidad humana y reelaborando temas de la tragedia griega para reflejar el último siglo de la historia de su país y de los Balcanes, Angelopoulos ha construido su obra dedicándola al exilio y el retorno, al conflicto y la reconciliación, a la opresión y la nostalgia.

La Eternidad y un Día, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1998 y una de las películas más importantes del cine europeo y universal de finales del siglo XX, es la cima del refinamiento temático y de estilo explorado por Theo Angelopoulos a lo largo de su extraordinaria carrera profesional. El filme concluye la trilogía sobre el Viaje y las Fronteras o los límites (físicos y mentales) que el autor iniciase con El Paso Suspendido de la Cigüeña (1991) y continuara con La Mirada de Ulises (1995). En La Eternidad y un Día, sin renunciar a la conciencia sociopolítica de la que ha hecho gala siempre, el director griego aborda la que es la frontera definitiva para el ser humano: la muerte.


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La Eternidad y un Día describe el último día de vida de un escritor griego, Alexandros (Bruno Ganz), antes de ingresar en un hospital donde morirá. Frente a su muerte, el protagonista piensa y recorre su existencia, a menudo con tristeza, con la certeza de que es y ha sido un extraño a sí mismo y a su propia vida. Más que la relación con su fallecida esposa Anna o con su suegra, más incluso que con su madre, el relato da preponderancia a la relación del escritor con un niño refugiado albanés (Achileas Skevis) al que le une el azar (o no) durante su deambular sin meta física por las calles de la invernal ciudad de Tesalónica. Alexandros, en un acto de redención por sus errores pasados y toma de conciencia de esa realidad ante la que –absorto en su mundo literario– cerraba los ojos, se propone hacer llegar al pequeño a la frontera greco-albanesa para que pueda regresar a su hogar.

Entre ambos se establece una bonita relación simbiótica de cariz existencial: el viejo escritor se erige en «salvador» del niño, al que le restituirá un futuro; por contra, el niño será su redentor accidental, buscando disipar su pesar y compartiendo con él su soledad y sus miedos. El Viaje de Alexandros y el niño es un viaje exterior e interior entendido como proceso de autoconocimiento, limitando en la figura del refugiado la mirada política y de exilio tan propia del cine de Angelopoulos. Asimismo, sacando a relucir su eterna reflexión en torno al arte y la memoria de su país, el director imbrica en esta historia la de Dionisios Solomós, un poeta griego del siglo XIX que vivió en Italia y que, al regresar a Grecia, compraba las palabras olvidadas para escribir poemas en su lengua natal. En el filme, Alexandros, que se identifica con Solomós, está ocupado desde la muerte de su esposa en el estudio del tercer boceto de un poema suyo: «Los sitiados libres».


«¿Por qué, madre? ¿Por qué nada salió como esperábamos? ¿Por qué? ¿Por qué pudrirnos, indefensos, entre el dolor y el deseo? ¿Por qué he vivido en el exilio? ¿Por qué sólo regresaba cuando se me concedía la gracia de hablar mi lengua?, cuando reencontraba palabras perdidas o extraía del silencio palabras olvidadas. ¿Por qué sólo entonces oía el eco de mis pasos? Dímelo, madre. ¿Por qué no supimos amar?»

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La Eternidad y un Día es una metáfora visual que invita a la introspectiva; un poema filmado para almas serenas y reflexivas impregnado de tono elegíaco y en el que la melancolía brota como emoción moribunda. Es en esta película donde Angelopoulos radicaliza la faceta del plano-secuencia para sintetizar períodos históricos, pues, –literalmente–, pasado, presente, memoria, ficción y realidad se funden con precisión y asombrosa maestría en el interior de un mismo plano, como cuando el protagonista Alexandros evoca al poeta Dionisios Solomós, el cual aparece frente al río. La muy planificada y cuidada puesta en escena, la neblinosa y excelente fotografía de Yorgos Arvanitis y Andreas Sinanos y la siempre conmovedora y hermosa música de la compositora Eleni Karaindrou contribuyen a elevar La Eternidad y un Día, directamente, a la categoría de obra de arte.

Theo Angelopoulos confesó que el ánimo para realizar La Eternidad y un Día emergió de un aciago acontecimiento que había vivido: la muerte repentina del gran actor italiano Gian M. Volonté en el hotel de Florina durante el rodaje de su anterior filme La Mirada de Ulises, en el que iba a encarnar al personaje de Ivo Levy (finalmente interpretado por Erland Josephson). Esta pérdida le provocó a Angelopoulos un gran desconcierto y una profunda tristeza. El director había compartido con Volonté la jornada previa a su fallecimiento, lo que le llevó a preguntarse qué haría una persona el día antes de enfrentarse a la muerte si tuviera conocimiento de su inminente fallecimiento. A partir de esos pensamientos, Theo Angelopoulos construyó la historia de Alexandros.


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«Tengo la impresión de que, en todo caso, trato cada vez, por medio de un exilio exterior, de arribar a un exilio interior, a la propia casa, al hogar. Aún no he encontrado mi hogar. Es decir, un lugar en donde se siente el equilibrio entre nosotros mismos y entre nosotros y el mundo. Hemos atravesado la frontera, y estamos aún allá. ¿Cuántas fronteras debe uno atravesar para llegar a su casa?»

Theo Angelopoulos


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TOP 10 Andréi Tarkovski


ANDRÉI ARSÉNIEVICH TARKOVSKI (Zavrazhie, Óblast de Ivánovo, URSS, 1932 – París, Francia, 1986)
Escultor del tiempo. El mejor de todos



 «El cine es un misterio. Es un misterio para el propio director.
El resultado, el filme acabado, debe ser siempre un misterio para el director, de otra forma no sería interesante»

Andréi Tarkovski


1. STALKER
Stalker (URSS, 1979)

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2. EL ESPEJO
Zerkalo (URSS, 1975)

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3. SACRIFICIO
Offret (SUE, 1986)

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4. NOSTALGIA
Nostalghia (ITA/URSS, 1983)

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5. SOLARIS
Solyaris (URSS, 1972)

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6. ANDREI RUBLEV
Andrei Rublev (URSS, 1966)

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7. LA INFANCIA DE IVÁN
Ivanovo Detstvo (URSS, 1962)

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8. EL VIOLÍN Y LA APISONADORA
Katok i Skripka (URSS, 1961). Mediometraje

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9. LOS ASESINOS
Ubiytsy (URSS, 1958). Cortometraje


10. HOY NO HABRÁ SALIDA (NO HABRÁ UN MAÑANA) 
Segodnya Uvolneniya ne Budet (URSS, 1959). Mediometraje


Mención extra: TIEMPO DE VIAJE (TV)
Tempo di Viaggio (ITA, 1983). Documental


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TOP 10 Dario Argento


DARIO ARGENTO (Roma, Italia, 1940) 
Cineasta italiano que reformuló la estética del giallo. El sumo sacerdote del rojo arterial y el filo del cuchillo



«El horror es como una serpiente, siempre mudando su piel, siempre cambiante. Y siempre va a volver. No puede ser escondido como los secretos culpables que tratamos de mantener en nuestro subconsciente»

Dario Argento


1. SUSPIRIA
(Suspiria, 1977)

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2. ROJO OSCURO
(Profondo Rosso, 1975)


3. EL PÁJARO DE LAS PLUMAS DE CRISTAL
(L’uccello dalle Piume di Cristallo, 1970)


4. TENEBRE
(Tenebre, 1982)

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5. INFERNO
(Inferno, 1980)

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6. EL GATO DE LAS NUEVE COLAS
(Il Gatto a Nove Code, 1971)


7. PHENOMENA
(Phenomena, 1984)

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8. CUATRO MOSCAS SOBRE TERCIPELO GRIS
(Quatre Mosche di Velluto Grigio, 1971)

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9. TERROR EN LA ÓPERA
(Opera, 1987)

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10. EL ARTE DE MATAR
(La Sindrome di Stendhal, 1996)

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 Mención extra: LOS CINCO DÍAS
(Le Cinque Giornate, 1973)

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APOCALYPSE NOW


Apocalypse Now

Estados Unidos, 1979. 153 min. C

Director: FRANCIS FORD COPPOLA. Guión: John Milius, Francis Ford Coppola (Novela: Joseph Conrad). Música: Carmine Coppola, Francis Ford Coppola. Fotografía: Vittorio Storaro. Intérpretes: Martin Sheen, Marlon Brando, Robert Duvall, Frederic Forrest, Laurence Fishburne, Sam Bottoms, Albert Hall, Dennis Hopper, G.D. Spradlin, Christian Marquand, Harrison Ford, Aurore Clément, Cynthia Wood, Colleen Camp, Damien Leake, Herb Rice, James Keane, Scott Glenn.


«Esto no es una película sobre Vietnam, es Vietnam»

(Francis F. Coppola)


6 años de trabajo, 16 meses de rodaje en la jungla camboyana y filipina, 3 años de montaje, 600.000 metros de película, 200 horas de material filmado, 12 millones de dólares de presupuesto ampliados a más de 30 y 45 kilos perdidos por el director durante el rodaje. Todo aderezado con un tifón que destruyó la mayoría de los decorados, la gran humedad, los mosquitos, la malaria, el consumo de drogas (especialmente por parte de Dennis Hopper, el Fotógrafo de Prensa) y el grave ataque al corazón que sufrió Martin Sheen, que había sustituido en su papel a Harvey Keitel, quien filmó algunas escenas, pero fue despedido por Coppola por no estar a la altura. En palabras de Coppola: «Llegamos demasiado tarde en nuestra exploración de las atrocidades ocurridas en Vietnam. En el corazón de la jungla, rodeados de técnicos, equipo y dinero, nos volvimos locos y, sin embargo, la película continuó realizándose a pesar de nosotros, incluso sin nosotros».

Pocas veces lo vivido y lo narrado se darían la mano con tal intensidad como en Apocalypse Now, probablemente el retrato más brillante y salvaje de la pesadilla de Vietnam. La crónica de su desquiciado y polémico rodaje se convirtió en un documental, Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse (1991), que realizó Eleanor Coppola, esposa de Francis F. Coppola. Éste, a quien cedió la silla de director George Lucas, presentó el montaje provisional de la película en el Festival de Cannes de 1979, donde la película se hizo merecedora de la Palma de Oro. En 2001 se estrenó el montaje definitivo en versión director’s cut, Apocalypse Now Redux, con 49 minutos añadidos.


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Apocalypse Now se sustenta en el extraordinario guión de John Milius, libremente inspirado en la novela «El Corazón de las Tinieblas», de Joseph Conrad, y los poemas «La Tierra Baldía», de T. S. Eliot, y «La Odisea», de Homero. Lejos de ser una película antibelicista, Apocalypse Now «glorifica» el conflicto a través de sus violentas secuencias. El mismo Coppola matizó que para ostentar dicha consideración debería ser un filme «lleno de amor, paz, tranquilidad y felicidad; no tendría que tener imágenes violentas», recordando que su cinta incluye, por ejemplo, «escenas de helicópteros atacando a gente inocente». En apariencia una aventura de acción enmarcada en la Guerra de Vietnam, Apocalypse Now narra el viaje en lancha del capitán de MACV-SOG Benjamin L. Willard (Martin Sheen) y su tripulación remontando el río Mekong con la misión secreta de «eliminar con el máximo perjuicio» (asesinar) al enloquecido coronel Walter E. Kurtz, un renegado ex boina verde convertido en un dios indómito en algún lugar de la jungla (encarnado por Marlon Brando, la personificación de Vietnam, turbador en su breve pero antológica aparición).

Pese a ello, paulatinamente el relato adquiere una dimensión metafísica y una complicada simbología, volviéndose tanto los escenarios como la acción menos realistas. La travesía por la selva vietnamita y camboyana, finalmente de autodescubrimiento para el capitán Willard, avanza lenta pero inexorablemente hacia las profundidades sombrías de la locura humana, albergando en su seno una especie de catarsis redentora: «Yo quería una misión… y por mis pecados me dieron una», dice el frágil Willard, que poco a poco se convierte en un hombre similar a aquel al que tiene que matar. Apocalypse Now, descrita por su autor como «una experiencia de componentes existenciales y filosóficos», trasciende el género bélico para erigirse, definitivamente, en una obra abstracta sobre el horror, abordando temas como la crueldad, la obsesión humana y la extraña naturaleza de la guerra de Vietnam.


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Provista de una insuperable atmósfera que recuerda a Aguirre, la Cólera de Dios (1972), de Werner Herzog, por la sensación de alucinación y amenaza invisible que transmite, Apocalypse Now se zambulle en las entrañas del caos moral que provoca la guerra: «el horror», como susurra el escalofriante Kurtz hacia el final. La película, monumental en todos los aspectos, fue galardonada con dos Premios Oscar a la Mejor Fotografía y al Mejor Sonido. Otros elementos destacados son el elenco actoral, la dirección artística y una puesta en escena inflamable y de todo punto operística. En ese sentido, Vittorio Storaro, obsesionado por la iluminación del ocaso y los tonos anaranjados, compuso una de las direcciones de fotografía más recordadas del cine, concibiendo un sinfín de estilizadas y perturbadoras imágenes similares a un sueño distorsionado y apocalíptico. Y es que Apocalypse Now está llena de momentos memorables, como la secuencia inicial que comienza con un plano general de unas palmeras mientras suenan los primeros acordes de la canción «The End» de The Doors, o la de los helicópteros americanos volando al son de «La cabalgata de las Valkirias» de Wagner mientras atacan el pueblo vietnamina.

El affaire Marlon Brando y su casi inexistente profesionalidad fueron otros de los culebrones que envolvieron Apocalypse Now. El actor, después de recibir un adelanto de un millón de dólares por interpretar al coronel Walter E. Kurtz, amenazó con abandonar el proyecto y quedarse con el dinero. Finalmente aceptó participar en la película, aunque llegó tarde al rodaje, borracho, con cuarenta kilos de sobrepeso y admitiendo que no había leído el guión. Tras días de disputas acerca de la naturaleza de su personaje, Francis F. Coppola no tuvo otro remedio que aceptar que su interpretación fuera principalmente improvisada y siempre entre sombras, disimulando así el voluminoso cuerpo de Brando, que tardaría en aparecer en pantalla más de dos horas.



«Me gusta la peste del napalm por la mañana; hace olor a victoria”

(Teniente-coronel Kilgore)


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OJOS SIN ROSTRO, LOS


Les Yeux Sans Visage 

Francia, Italia, 1960. 88 min. B/N

Director: GEORGES FRANJU. Guión: Claude Sautet, Pierre Boileau, Thomas Narcejac (Novela: Jean Redon). Música: Maurice Jarre. Fotografía: Eugen Schüfftan. Intérpretes: Edith Scob, Pierre Brasseur, Alida Valli, Juliette Mayniel, François Guérin, Alexandre Rignault, Béatrice Altariba.


«A mí me aterra más un golpe en la puerta que los marcianos. No conozco a los marcianos. Lo que me interesa es lo insólito dentro de lo normal. Si se pudiera expresar, lo más terrorífico sería expresar lo ‘anodino inédito’. Lo insólito está en las situaciones. No se fabrica, se revela»

Georges Franju


Georges Franju (1912-1987) fue fundador de la Cinémathèque Française y coetáneo de la Nouvelle Vague, a pesar de lo cual su cine anticonvencional, a veces incómodo y para paladares exquisitos, no le hace encasillable en alguna escuela o movimiento. Su obra, compuesta por documentales, cortometrajes y largometrajes (éstos rodados a partir de 1959), está inmersa en el realismo estético, aunque bordea la inquietante poética del surrealismo. Precisamente, la valía del francés reside en esa capacidad que tiene para transformar el entorno cotidiano en algo crudo y onírico y al mismo tiempo sutil y extrañamente sensible. Franju, como el más paroxístico Mario Bava (que ese mismo año realizaría La Máscara del Demonio), aplica su peculiar filtro autoral y fusiona la belleza y lo repugnante/siniestro para dar lugar a una cosa nueva, con calidades propias, similar a una «sinfonía del horror».

Los Ojos sin Rostro, además de ser la mejor película de su director, es uno de los títulos clave del cine de terror europeo del siglo XX, si bien también posee elementos de thriller y otros que remiten al imaginario de Jean Cocteau (La Sangre de un Poeta, La Bella y la Bestia) y James Whale (El Doctor Frankenstein, El Hombre Invisible). Lejos de la recreación de los monstruos clásicos y de la truculencia a todo color de la británica Hammer, Franju se propuso actualizar el género y hacer una «película de angustia» cuyo terror fuera «más interno, más penetrante»  y se administrase en «dosis homeopáticas»En Los Ojos sin Rostro no hay intriga, tampoco misterio; el horror habita en lo más mundano y terrenal, en el drama palpable que viven cada uno de los personajes, presas de sus propios tormentos.



Les Yeux Sans Visage adapta una novela homónima de Jean Redon y fue escrita por el tándem Boileau-Narcejac (cuyos relatos inspiraron Las Diabólicas y Vértigo) en colaboración con Claude Sautet (el director del polar A todo Riesgo). El argumento, que recuerda a la posterior Gritos en la Noche, de Jesús Franco, trata sobre el doctor Génessier (Pierre Brasseur), un reputado cirujano que mantiene aislada del mundo exterior a su hija Christiane (Edith Scob), cuyo rostro ha quedado horriblemente desfigurado a causa de un fatídico accidente de tráfico del que, irremediablemente, se siente culpable. El hombre, que le ha prometido recomponerle la cara, experimenta febrilmente con injertos de piel de jóvenes secuestradas en el Barrio Latino por su fiel y abnegada ayudante Louise (Alida Valli).

La película, cuya trama criminal fuga hacia lo gótico (mansión en brumas, viento, tormenta, música de órgano, estancias secretas, luz de velas, cuervos muertos), explora las relaciones entre demencia, ciencia, frustración y amor paternofilial, al tiempo que conforma una parábola sobre la quimérica búsqueda de la belleza (causante del sufrimiento) y la pérdida de la identidad. El mad doctor, sin embargo, no actúa aquí por megalomanía o juega a ser Dios, como V. Frankenstein, sino que lo hace movido por un ansia irrefrenable y desesperada de devolver a su hija el rostro que le ha arrebatado, lo que otorga patetismo y, en ocasiones, compasión.


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Es la figura triste y errante de Christiane/Edith Scob, prisionera de la soledad tras una máscara blanca e inexpresiva (inspiradora de la que lució Michael Myers), el elemento definitivo que hace de Los Ojos sin Rostro un filme magnético y con aureola de culto. Christiane se desliza sigilosa por los espacios oscuros de la casa, como si fuera un fantasma o una bailarina sonámbula, al compás de la melancólica partitura de Maurice Jarre y tratando de evitar cualquier reflejo en un espejo (objeto que adquiere gran importancia a lo largo de la película): «Cuando me veo en el espejo siento que estoy mirando a otra». Los Ojos sin Rostro es un cuento de fantasmas sin fantasmas con un final maravilloso: la joven vagando, en libertad, en medio de la noche, ya despojada de su careta y con una paloma posada en su hombro (metáfora de sus anhelos de normalidad y libertad).

Estilizada visualmente y de atmósfera subyugante, la cinta de Franju transmite inquietud y miedo glacial a través de unas imágenes líricas y austeras espléndidamente fotografiadas en blanco y negro por el judío alemán Eugen Schüfftan (el inventor del Proceso Schüfftan, una técnica de efectos especiales que utilizó por primera vez en Metrópolis). Les Yeux Sans Visage hizo de bisagra entre el cine de terror clásico y el cine de las nuevas vanguardias. Una mezcla de savoir faire francés y textura aterradora. Un filme cuya belleza y poder de sugerencia está presente hasta en su mismo título: inimaginable, misterioso, poético, evocador; puedes imaginarte un rostro sin ojos, pero no unos ojos sin rostro.


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«Era necesario hacer un personaje mucho más poético, mucho más inmaterial y, en el contexto de esta historia muy realista, aún más real»

Georges Franju, sobre el personaje de Edith Scob


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TOP 10 Musas rubias de Hitchcock


«Cuando abordo cuestiones sexuales en la pantalla, no olvido que, también ahí, el suspense lo es todo. Si el sexo es demasiado llamativo y evidente, no hay suspense. ¿Por qué razón elijo actrices rubias y sofisticadas? Busco mujeres de mundo, verdaderas damas que se transformarán en prostitutas en el dormitorio». Alfred Hitchcock creía que las inglesas, alemanas o escandinavas son más interesantes, sexualmente hablando, que las latinas, italianas o francesas. Pensaba que el sexo no debe ostentarse, por eso nunca le interesaron las actrices –también rubias– como Marilyn Monroe o Brigitte Bardot, que «llevan el sexo colgado de su cuello, como si fuera una joya». Sin embargo, «una muchacha inglesa, con su aspecto de institutriz, es capaz de montarse en un taxi con usted y, ante su sorpresa, desabrocharle la bragueta»


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«Las rubias hacen mejor de víctimas. Son como la nieve virgen que muestra las huellas de sangre»

Alfred Hitchcock


Orden aleatorio


1. Kim Novak
(Chicago, Illinois, EEUU, 1933)

En Vértigo (1958)

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2. Grace Kelly
(Philadelphia, EEUU, 1929 – Mónaco, 1982)

En La Ventana Indiscreta (1954), Crimen Perfecto (1954) y Atrapa a un Ladrón (1955)

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3. Ingrid Bergman
(Estocolmo, Suecia, 1915 – Londres, Inglaterra, Reino Unido, 1982)

En Recuerda (1945), Encadenados (1946) y Atormentada (1949)

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4. Janet Leigh
(Merced, California, EEUU, 1927 – Beverly Hills, California, EEUU, 2004)

En Psicosis (1960)

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5. Tippi Hedren
(New Ulm, Minnesota, EEUU, 1930)

En Los Pájaros (1963) y Marnie, la Ladrona (1964)

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6. Joan Fontaine
(Tokio, Japón, 1917 – Carmel-by-the-Sea, California, EEUU, 2013)

En Rebeca (1940) y Sospecha (1941)


7. Eva Marie Saint
(Newark, Nueva Jersey, EEUU, 1924)

En Con la Muerte en los Talones (1959)

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8. Vera Miles
(Boise City, Oklahoma, EEUU, 1929)

En Falso Culpable (1956) y Psicosis (1960)

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9. Madeleine Carroll
(West Bromwich, Inglaterra, Reino Unido, 1906 – Marbella, España, 1987)

En 39 Escalones (1935) y Agente Secreto (1936)

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10. Doris Day
(Cincinnati, Ohio, EEUU, 1924 – Carmel Valley Village, California, EEUU, 2019)

En El Hombre que Sabía Demasiado (1956)

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Mención extra: Marlene Dietrich
(Schöneberg, Alemania, 1901 – París, Francia, 1992)

En Pánico en la Escena (1950)

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TOP 40 Cine de culto


PELÍCULA DE CULTO: «Cualquier tipo de producción cinematográfica que ha adquirido alguna clase de cultura popular, ya sea por su formato, su producción, su trama o su significado histórico. Las películas de culto son frecuentemente señaladas como polémicas debido a que incluyen ideas o temas notablemente controvertidos o a que, siendo más convencionales en su temática, la presentan de un modo alejado de los convencionalismos estéticos o narrativos»

Wikipedia


Por orden cronológico


1. EL GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI (Das Kabinett des Dr. Caligari)
Robert Wiene (ALE, 1920)

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2. HÄXAN: LA BRUJERÍA A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS (Häxan)
Benjamin Christensen (DIN/SUE, 1922). Docuficción

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3. EL ACORAZADO POTEMKIN (Bronenosets Potyomkin)
Sergei M. Eisenstein (URSS, 1925)

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4. LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO (La Passion de Jeanne d’Arc)
Carl Theodor Dreyer (FRA, 1928)


5. UN PERRO ANDALUZ (Un Chien Andalou)
Luis Buñuel & Salvador Dalí (FRA, 1929). Cortometraje

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6. VAMPYR, LA BRUJA VAMPIRO (Vampyr – Der Traum des Allan Gray)
Carl Theodor Dreyer (ALE/FRA, 1932)


7. LA PARADA DE LOS MONSTRUOS (Freaks)
Tod Browning (EEUU, 1932)

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8. CIUDADANO KANE (Citizen Kane)
Orson Welles (EEUU, 1941)


9. MESHES OF THE AFTERNOON
Maya Deren & Alexander Hammid (EEUU, 1943). Cortometraje


10. RASHOMON (Rashômon)
Akira Kurosawa (JAP, 1950)

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11. EL SÉPTIMO SELLO (Det Sjunde Inseglet)
Ingmar Bergman (SUE, 1957)


12. EL CARNAVAL DE LAS ALMAS (Carnival of Souls)
Herk Harvey (EEUU, 1962)

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13. LA MÁSCARA DEL DEMONIO (La Maschera del Demonio)
Mario Bava (ITA, 1960)


14. EL AÑO PASADO EN MARIENBAD (l’Année Dernière à Marienbad)
Alain Resnais (FRA/ITA, 1961)france_2.jpg


15. ¿QUÉ FUE DE BABY JANE? (What Ever Happened to Baby Jane?)
Robert Aldrich (EEUU, 1962)


16. ESTE PERRO MUNDO (Mondo Cane)
Paolo Cavara, Gualtiero Jacopetti & Franco Prosperi (ITA, 1962). Mondo

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17. DJANGO
Sergio Corbucci (ITA/ESP, 1966)

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18. PERSONA
Ingmar Bergman (SUE, 1966)


19. MARKETA LAZAROVÁ
František Vláčil (CHE, 1967)


20. EL TOPO
Alejandro Jodorowsky (MEX, 1970)

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21. LA NARANJA MECÁNICA (A Clockwork Orange)
Stanley Kubrick (GB, 1971)

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22. AGUIRRE, LA CÓLERA DE DIOS (Aguirre der Zorn Gottes)
Werner Herzog (RFA, 1972)

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23. CUERNO DE CABRA (Kozijat Rog)
Metodi Andonov (BUL, 1972)


24. MILÁN, CALIBRE 9 (Milano Calibro 9)
Fernando Di Leo (ITA, 1972)


25. THRILLER. A CRUEL PICTURE (Thriller – En Grym Film)
Bo Arne Vibenius (SUE, 1973)

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26. LADY SNOWBLOOD (Shurayukihime)
Toshiya Fujita (JAP, 1973)

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27. MORGIANA
Juraj Herz (CHE, 1973)


28. COFFY
Jack Hill (EEUU, 1973)


29. ILSA, LA LOBA DE LA SS (Ilsa, She Wolf of the SS)
Don Edmons (EEUU/RFA, 1974)

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30. EL QUIMÉRICO INQUILINO (Le Locataire)
Roman Polanski (FRA, 1976)

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31. SUSPIRIA
Dario Argento (ITA, 1977)


32. CABEZA BORRADORA (Eraserhead)
David Lynch (EEUU, 1977)

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33. ZOMBI (Dawn of the Dead)
George A. Romero (EEUU, 1978)


34. STALKER
Andréi Tarkovski (URSS, 1979)


35. ARREBATO
Iván Zulueta (ESP, 1979)

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36. ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (Alien)
Ridley Scott (EEUU, 1979)


37. VIDEODROME
David Cronenberg (CAN, 1983)

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38. AKIRA
Katsuhiro Ôtomo (JAP, 1988). Animación


39. EN EL GLOBO PLATEADO (Na Srebrnym Globie)
Andrzej Zulawski (POL, 1988)


40. TETSUO, EL HOMBRE DE HIERRO (Tetsuo)
Shinya Tsukamoto (JAP, 1989)

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Mención extra: EL CABALLO DE TURÍN (A Torinói Ló)
Béla Tarr & Ágnes Hranitzky (HUN/FRA/ALE/SUI, 2011)


 

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FARAÓN


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Polonia, 1966. 145 min. C

Director: JERZY KAWALEROWICZ. Guión: Jerzy Kawalerowicz, Tadeusz Konwicki (Novela: Boleslaw Prus). Música: Adam Walacinski. Fotografía: Jerzy Woljcik. Intérpretes: Jerzy Zelnik, Wieslawa Mazurkiewicz, Barbara Brylska, Krystyna Mikolajewska, Ewa Krzyzewska, Piotr Pawlowski, Leszek Herdegen, Andrzej Girtler, Stanislaw Milski.


Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre

Proverbio africano


Jerzy Kawalerowicz (1922-2007), comunista afiliado al Partido Obrero Unificado de Polonia desde 1954 y figura destacada de la Escuela Polaca de Cine, es uno de los grandes cineastas de su país del siglo XX, si bien un tanto opacado por las figuras de R. Polanski, A. Wajda, A. Munk, W. Has, K. Kieslowski o K. Zanussi. De Kawalerowicz sobresale la poderosa imaginería y la profundidad de las ideas que circulan por sus películas, no obstante, siempre marcadas por la austeridad formal y ajustadas al retrato psicológico de los personajes. El director decía: «Cada película que realizo refleja el estado presente de mi experiencia de la vida, del arte, de los hombres y del amor».

Faraón (1966), uno de los escasos filmes polacos del socialismo que tuvo distribución internacional, es la séptima película de Jerzy Kawalerowicz, quien hacía ya cinco años había encontrado un hueco en el panorama de las cinematografías del Este con Madre Juana de los Ángeles (1961), una obra extraordinaria, de un estilo próximo a Bergman y Bresson, que narraba un caso de aparente posesión diabólica ocurrido en el siglo XVII en Loudun (Francia) –suceso que también sirvió a Ken Russell como inspiración de Los Demonios (1971)–. Dos años antes, Kawalerowicz había realizado otra célebre película, Tren de Noche (1959), un psicodrama frío y sugerente basado en situaciones vacías que homenajeaba a Extraños en un Tren, de A. Hitchcock.


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Faraón es un meritorio esfuerzo para dotar al género histórico de verosimilitud y de una nueva ordenación narrativa y formal, de ningún modo comparable a la visión edulcorada y falaz proyectada por Hollywood. Kawalerowicz, sirviéndose de una traza sobria y reflexiva, renuncia al «cine-espectáculo» para introducirse en las tensiones mentales de sus personajes. Ello no evita que Faraón tenga la condición de superproducción, y es que su largo y dificultoso rodaje, financiado con amplio presupuesto, tuvo lugar en Europa, Asia y África e incluso contó con la participación del ejército ruso, que proporcionó más de 10.000 extras.

La película está basada en la novela «Faraón» (1895), de Boleslaw Prus (Aleksander Glowacki). Faraón da inicio con una introducción maravillosa a modo de metáfora en la que aparecen dos escarabajos disputándose una bola de estiércol (los coleópteros eran animales sagrados en el Antiguo Egipto). La acción se sitúa en el tumultuoso Egipto del II Periodo Intermedio (1800 a.C.-1550 a.C.) en tiempos del joven –e inexistente– Ramsés III (Jerzy Zelnik), quien accederá al trono tras la muerte de su padre. Kawalerowicz relata la denodada lucha entre el poder del faraón, que representa la esperanza de las masas oprimidas, y el creciente control político de los representantes de Dios en la tierra, los sumos sacerdotes, conspiradores y ambiciosos. Por otro lado, dirime el deseo de la sacerdotisa Kama (la bella Barbara Brylska) por Ramsés III, el amor de éste por la judía Sara (Krystyna Mikolajewska) y las relaciones del pueblo egipcio con fenicios, hebreos y asirios. Faraón, empujando la crónica histórica desde una perspectiva social y política e ideológica, es evidente que estableció un paralelismo con la situación de Polonia en el momento de su realización, una época de fuerte confrontación entre la Iglesia católica y las autoridades post-estalinistas por el control de Estado, aún sujeto al mando soviético.


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En conjunto portentosa, la película destaca por su ambientación hiperrealista y su impecable y solemne puesta en escena, de todo punto abstemia. Para reforzar la credibilidad, Kawalerowicz fue asistido por el experto en egiptología Shadi Abdel Salam (director de la excelente Al-Mummia y también colaborador en Cleopatra), quien hizo de consultor histórico y supervisor de decoraciones, vestuario y accesorios. El paisaje, filmado bajo un sol abrasador, está poseído por los colores ocres y amarillentos del polvo del desierto, los cuales contrastan con las tonalidades azules del cielo y el río Nilo. Los exteriores pertenecen a espacios naturales de Egipto (pirámides y templo de Amón en Karnak) y a la ciudad de Bujará (Uzbekistán), rodeada del desierto de Kyzyl Kum, donde se rodaron las escenas bélicas. El laberinto y los claustrofóbicos interiores del palacio del faraón fueron recreados en los estudios Łódź de Polonia. Además del espacio, las interpretaciones hieráticas y contenidas, el particular tratamiento del sonido, los cánticos tribales y la especial cadencia del tiempo narrativo ayudan al espectador a viajar a un Egipto exótico y esplendoroso, a la vez que reconocible, de hace casi cuatro mil años.

Pharaoh, de Jerzy Kawalerowicz, es un puro y elevado ejercicio de cine: riguroso, cerebral y de efecto narcótico-estimulante. Una historia de poder, venganza y traiciones. Probablemente, la mejor película de cine histórico realizada, tanto por su brillantez visual como por su densidad intelectual. Asimismo, la más fiel aproximación al Antiguo Egipto y, paradójicamente, una de las pocas ficciones que no se ajustan a unos personajes y hechos históricos reales. Porque, como dice Rafael de España: «Lo que hace un buen filme histórico [y ‘Faraón’ es extraordinario] no es seguir los acontecimientos con el manual en la mano, sino reinterpretar su esencia dentro de un concepto moderno».


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 «Príncipe, permítame recordarle esto: la sapiencia en asuntos de Estado es patrimonio de los sacerdotes.
Sólo unos hombres al servicio de los dioses pueden alcanzar esta sapiencia»

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Los storyboards de Akira Kurosawa


«Son muchas las cosas que pienso cuando dibujo storyboards: ajustar la ubicación, la psicología y las emociones de los personajes; sus movimientos, el ángulo de la cámara preciso, las condiciones de iluminación, el vestuario y los accesorios. Si antes no he reflexionado específicamente sobre cada uno de estos elementos no puedo dibujar la escena. O tal vez sea más exacto decir que dibujo los storyboards para pensar en esas cosas. De esta manera, puedo concretar, enriquecer y capturar la imagen de cada escena de la película, hasta verlo todo con claridad. Sólo entonces procedo con el rodaje»

Akira Kurosawa


Akira Kurosawa (Tokio, 1910-1998) fue uno de los cineastas más grandes e influyentes del siglo XX. Indiscutido maestro del séptimo arte y fabricante de un buen puñado de obras maestras, «El Emperador» es el realizador japonés más (re)conocido internacionalmente junto a Yasujirō Ozu y Kenji Mizoguchi, formando con ellos el triunvirato de directores más famoso de la historia. Nacido en 1910 y descendiente de una antigua estirpe de samuráis, Kurosawa fue un hombre culto, exigente y de corte humanista, siempre comprometido con el tiempo convulso que le tocó vivir, incluido el hundimiento de su propio país tras la II Guerra Mundial. Más popular entre el público occidental que en su Japón natal, los críticos de su país solían mostrarse suspicaces por su familiaridad con la tradición literaria de Occidente (desde Shakespeare a la narrativa rusa), de la que él sacaba elementos para sus películas. No obstante, también fue un excelente retratista del Japón feudal. En el año 1990 recibió un Oscar honorífico por su trayectoria profesional. Nadie discute hoy su monumental y compleja filmografía.


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Kurosawa, en sus inicios, centró su tiempo y atención en la pintura. Él quiso e intentó ser pintor. Ya en la escuela primaria comenzó a dibujar bajo la tutela de un profesor que se interesó por su talento. Tras finalizar sus estudios secundarios, se matriculó en una escuela de Bellas Artes, la academia Dushuka de Tokio. Allí recibió clases de pintura clásica y contemporánea y, con el tiempo, llegó a ser reconocido en ciertos ambientes de la ciudad, haciendo suyos elementos plásticos del teatro Nô que mezclaba con sus principales referencias pictóricas. En contra de lo que quería su padre (que le inculcó el conocimiento de la cultura tradicional japonesa y su pasión por el cine occidental) quiso vivir de sus aptitudes como pintor y se fue a vivir a un distrito de artistas lleno de bares en los que mantenía tertulias con ellos entre sorbos de sake. No fue sino hasta 1936, que se interesó en el cine y comenzó su carrera como guionista y asistente de dirección en Tōhō, una productora de cine establecida en la ciudad de Chiyoda (Tokio). Aunque Kurosawa dejó de involucrarse únicamente en las artes plásticas para convertirse en uno de los pilares de la cinematografía universal, nunca dejó de dibujar y pintar.


«Cuando cambié de carrera quemé todas las láminas que había pintado hasta entonces. Tenía la intención de olvidar la pintura de una vez por todas. Como dice un conocido proverbio japonés: ‘El cazador que persigue dos conejos, no atrapa ninguno’. Una vez que empecé a trabajar en el cine, no hice de pintor en absoluto. Pero después, cuando me convertí en director de cine, me di cuenta que el dibujo, a menudo, era un medio útil para explicar las ideas a mi personal»

Akira Kurosawa


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Kagemusha: La sombra del guerrero (1980)


El Kurosawa cineasta, especialmente a partir de los años 80, cuando el cine japonés se sumió en una profunda crisis, utilizaba sus dotes en el lienzo para bosquejar sus películas en storyboards, unos dibujos que le servían para convencer a las productoras para que las financiaran. También era una manera de hacer que sus películas existiesen aunque no llegasen a ser rodadas nunca. Con esas bitácoras gráficas, cuadro por cuadro, elaboraba «la imagen de cada escena» antes de comenzar el rodaje. Como él mismo declaraba, el proceso de pintado le servía como etapa preparatoria –y esencial– para la creación cinematográfica, preconcibiendo así elementos como el encuadre, la perspectiva, el movimiento, la luz, la textura, el atrezzo o la psicología de los personajes. El cine de Kurosawa se construye, pues, a partir de los recursos de la imagen pictórica, sintetizando de esa forma dos visiones del mundo aparentemente distanciadas: la del cine y la de la pintura.

Los storyboards de Kurosawa se inspiraban en la iconografía oriental y estaban influenciados por los corrientes artísticas de Occidente, especialmente el expresionismo de Vincent van Gogh (1853-1890), el impresionismo de Paul Cézanne (1839-1906) y Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) y el vanguardismo de Marc Chagall (1987-1985). Quien más le marcó fue, sin lugar a dudas, Van Gogh, su indiscutible ídolo en la pintura y un artista que a su vez se sintió fascinado con las composiciones, la luz, el color y el estilo sintético de los grabados japoneses. El quinto capítulo de Los sueños de Akira Kurosawa (1990)una de las obras más perfeccionistas de Kurosawa en cuanto a la imagen y con un mayor número de storyboards, está dedicado al prolijo pintor neerlandés y, más en concreto, a su cuadro Trigal con cuervos (1890), uno de los últimos que pintó.


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Ran (1985)


Para sus seis últimas películas, las de su etapa en color, Kurosawa realizó nada más y nada menos que unos 2.000 dibujos. Para llevarlos a cabo empleó con delicadeza lápices, acuarelas, pastel y rotulador, sirviéndose de un trazo ágil y de una gran variedad cromática, dotando a las imágenes de mucha fuerza expresiva y siempre cuidando el detalle (hasta el papel varía según las intenciones del director). Como indica James Goodwin: «Son auténticos bocetos que cumplen su función, pero, al mismo tiempo, el impacto de la apariencia y la escala evocan que podrían ser terminados como una pintura al óleo sobre lienzo».

Muchas de esas partituras gráficas se han traducido literalmente en escenas míticas e inolvidables del estoico cine del maestro nipón. Aunque sus storyboards están realizados sin pretensiones artísticas, siempre al servicio de la obra cinematográfica y sin vista a ser expuestos, en algunos dibujos podemos percibir verdadero talento e imaginación visual. Kurosawa, cineasta por encima de todo, aunque creyente del acto creativo total, demostró la versatilidad que proporciona la pintura como medio de expresión artística.


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Autorretrato (Vincent Van Gogh, 1887)


STORYBOARDS DE LAS ÚLTIMAS SEIS PELÍCULAS DE KUROSAWA


Kagemusha: La sombra del guerrero (1980)

«Kagemusha» es una palabra japonesa que se utiliza para denotar a un señuelo político. La película, ambientada en los estertores del Periodo Sengoku (siglo XIV-XVI), en un Japón devastado por las guerras feudales, narra la historia de un criminal de clase baja que es entrenado para usurpar la figura del moribundo príncipe Shingen, de gran parecido con él, con el objetivo de engañar a los clanes rivales en las batallas. Kagemusha es una historia épica e intimista al mismo tiempo que se convierte en una meditación filosófica sobre la identidad y el poder. Una obra impresionista y resplandeciente, de impagable riqueza plástica y de contrastado lirismo en la que destaca una puesta en escena eléctrica y vibrante en cuanto a los colores que se muestran.

El storyboard se compone de 366 dibujos en los que Kurosawa manifiesta un profundo conocimiento de la sofisticada estética del Japón de la época, al que incorpora múltiples referencias a la historia del arte occidental: desde las pinturas de batallas del bajo Renacimiento italiano hasta expresiones vanguardistas del siglo XX como el surrealismo y el expresionismo de artistas como Oskar Kokoschka, Chaim Soutine y Emile Nolde.


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Ran (1985)

Ran (que puede traducirse como caos, guerra, miseria o anarquía) está basada libremente en El rey Lear de Shakespeare. La última gran película épica de Kurosawa, lúcida y violenta, es un drama japonés ambientado en el siglo XVI que muestra la caída de Hidetora Ichimonji, un señor de la guerra de la Era Sengoku que decide abdicar en favor de sus tres hijos. Según Stephen Prince, Ran es «una crónica del ansia implacable de poder, la traición al padre por parte de sus hijos, y las omnipresentes guerras y asesinatos, que destruyen a todos los personajes protagonistas».

Magnífico lienzo colorista, la película fue aclamada por sus poderosas imágenes y su soberbia puesta en escena, destacando la bella fotografía y el uso cromático. En un storyboard compuesto por 862 dibujos, Kurosawa desarrolla una iconografía con un complejo diseño que presta especial atención a los detalles del vestuario y a los monumentales decorados. En su estilo, además de la imaginería del teatro Nô y sus códigos simbólicos, se detectan influencias de las batallas de estilo barroco y de las composiciones de Théodore Géricault y las lógicas de Van Gogh y los impresionistas franceses.


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Los sueños de Akira Kurosawa (1990)

Hermosa y poética, la película se divide en ocho segmentos, correspondientes a ocho sueños reales del propio Kurosawa. Son ensoñaciones dispersas, independientes, pero engarzadas entre sí por deseos, angustias y añoranzas. Realizada a sus 80 años, Los sueños de Akira Kurosawa resume sus grandes preocupaciones morales, estéticas e intelectuales: la infancia, la espiritualidad, la creación artística, el respeto a la naturaleza, los desastres universales y los errores del hombre respecto al mundo. El quinto de sus capítulos, titulado Cuervos, en referencia a la pintura Trigal con cuervos (1890) de Vincent van Gogh, es un homenaje al pintor. El filme presenta a un estudiante de arte dentro del mundo vibrante y a veces caótico de una ilustración de Van Gogh, donde lo conoce en un campo y conversa con él. El estudiante, en un momento, pierde la huella del pintor y viaja a través de otras obras suyas tratando de encontrarlo.

El storyboard cuenta con 476 dibujos. En ellos, Akira Kurosawa se remite al impresionismo, posimpresionismo y expresionismo, conteniendo igualmente referencias al fauvismo y los colores puros y a las aventuras surrealistas del pintor francés Marc Chagall.


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Rapsodia en agosto (1991)

Rapsodia en agosto es la historia de tres generaciones de una misma familia, a la vez que una profunda reflexión sobre el holocausto nuclear de Nagasaki en 1945. El recuerdo de la bomba sirve como pretexto para abordar cuestiones cruciales de la sociedad japonesa contemporánea: el debilitamiento de los vínculos familiares ante la pérdida de los valores tradicionales, el perdón, la memoria y la relación entre Oriente y Occidente. Un verdadero filme antibelicista, lleno de esperanza y rodado con un inmensa sensibilidad.

El storyboard está compuesto por 105 dibujos que, frente al detalle de anteriores producciones, están realizados con simplicidad y esquematismo, buscando plasmar una atmósfera de «silencio expresivo». El realismo intimista solo es roto por algunos episodios de carácter simbólico y por la utilización del collage surrealista al estilo del alemán Max Ernst para evocar la hecatombe nuclear.


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Madadayo (1993)

La última película de Akira Kurosawa está basada en la vida de un académico y autor japonés, Hyakken Uchida (1889-1971). Exquisita y extraordinariamente emotiva, Madadayo reflexiona sobre la pedagogía y la relación alumno-profesor, ofreciendo al mismo tiempo un sereno retrato de las costumbres y de la vida diaria japonesa.

Con un storyboard de 82 dibujos, el director seleccionó cuidadosamente una gama de claroscuros y tonalidades sombrías que reflejan un ambiente denso y opresivo de corte expresionista en que prevalecen los colores ácidos y las pinceladas toscas. La larga escena final, en la que el profesor muere mientras sueña, sirve de fondo para la sobreimpresión de los créditos a la manera de un collage y presenta un tratamiento pictórico de la composición y el color espectacular.


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El mar que nos mira (2002)

Película escrita y dibujada por Kurosawa hacia 1993 que el cineasta no pudo llegar a rodar debido a su fallecimiento en 1998. El proyecto fue retomado en 2002 por su discípulo Kei Kumei, que aunque realizó algunos cambios respetó la imagen y la atmósfera quieta del storyboard original. El mar que nos mira relata una historia de amor prohibida entre un samurái y una geisha en el siglo XIX y aborda temas como el poder de la naturaleza frente a los conflictos humanos.

En su último storyboard Kurosawa alterna dibujos de una gran simplicidad con otros más preciosistas que reconstruyen las casas de geishas del Periodo Edo (1603-1868). En algunas de las escenas intimistas se percibe la influencia de las composiciones más orientalistas de Henri Matisse.


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THE SEA IS WATCHING, Nagiko Tohno, Misa Shimizu, 2002, (c) TriStar


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«¿Son dignos los dibujos de mis storyboards de ser llamados arte? Yo no me proponía pintar bien. Simplemente utilicé con libertad los materiales y recursos que tenía a mano. Como mucho, me ayudaron a realizar las películas. Es curioso que cuando de verdad intentaba pintar bien sólo producía una obra mediocre, mientras que cuando sólo me preocupaba de esbozar las ideas para mis películas fue cuando produje obras que la gente considera interesantes»

Akira Kurosawa


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